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sábado, 5 de marzo de 2011

Las sustancias tóxicas forman parte del menú cotidiano

El hallazgo de dioxinas en los piensos y en la carne y los huevos de Alemania ha generado la emergencia sanitaria en la UE, donde en los últimos años se han sucedido alarmas por contaminaciones diversas de la cadena alimentaria. La alarma no es para menos. Las dioxinas se consideran como uno de los peores tóxicos fabricados por el hombre. Son cancerígenas y afectan de forma grave al sistema hormonal. La pregunta es cómo ha podido llegar una sustancia así a las granjas. Y la respuesta de los expertos es que lo hacen porque están en nuestro entorno. Las generamos como residuos de las industrias del cloro, de los pesticidas y de los plásticos. Y las emitimos al quemar residuos. Una vez liberadas, quedan en el ambiente y se incorporan a la cadena alimenticia y a nuestro cuerpo.
* La presencia de dioxinas en granjas alemanas 'no es un caso aislado'
* 'Varios escándalos muestran el fracaso del control de contaminantes'
* En 1930 se producía un millón de toneladas de químicos al año. Ahora, 400
* El 80% de las enfermedades tienen que ver con una dieta contaminada y errónea
El hallazgo de dioxinas en los piensos y en la carne y los huevos de Alemania ha generado la emergencia sanitaria en la UE, donde en los últimos años se han sucedido alarmas por contaminaciones diversas de la cadena alimentaria. La sustancia protagonista en la actual crisis es un veneno viejo y conocido. En el año 2004, el candidato a la presidencia de Ucrania Viktor Yushchenko fue envenenado. Cuando salió del hospital, todo el mundo pudo ver su rostro terriblemente desfigurado. Habían intentado matarle con dioxinas, la misma sustancia que ha aparecido en los pollos, los huevos y los cerdos en Alemania causando la alarma sanitaria en la UE y forzando el cierre de miles de granjas.
Las dioxinas son uno de los peores tóxicos fabricados por el hombre
La alarma no es para menos. Las dioxinas se consideran como uno de los peores tóxicos fabricados por el hombre. Son cancerígenas y afectan de forma grave al sistema hormonal. Eran un componente del agente naranja, el defoliante que EEUU usó en la guerra de Vietnam y que hoy sigue provocando el nacimiento de miles de niños con malformaciones en aquel país.
La pregunta es cómo ha podido llegar una sustancia así a las granjas. Y la respuesta de los expertos es que lo hacen porque están en nuestro entorno. Las generamos como residuos de las industrias del cloro, de los pesticidas y de los plásticos. Y las emitimos al quemar residuos. Una vez liberadas, quedan en el ambiente y se incorporan a la cadena alimenticia y a nuestro cuerpo.
La explicación oficial es que lo ocurrido en Alemania es un fraude aislado. Los fiscales investigan si la compañía Harles and Jentzsch distribuyó a los fabricantes de piensos grasas industriales que no eran aptas para el uso alimenticio.
La punta del iceberg
Pero la opinión de expertos en nutrición y de toxicólogos es que no se trata de la acción puntual de algunos piratas, sino de un mal generalizado. El catedrático de Salud Pública de la Universidad Autónoma de Barcelona, Miquel Porta, afirma: "No es un caso aislado. Numerosos estudios han documentado que la contaminación con dioxinas y otros compuestos orgánicos persistentes es habitual en piensos y alimentos".
'La contaminación con dioxinas y otros compuestos orgánicos es habitual en piensos y alimentos' - Miquel Porta
De la misma opinión es Dolores Romano, coordinadora del área de Riesgo Químico del Instituto Sindical de Trabajo Ambiente y Salud (ISTAS), una fundación promovida por CCOO. "Ya llevamos varios escándalos que muestran el fracaso del sistema de gestión y control de los contaminantes químicos. Una vez que una sustancia química peligrosa se fabrica o se genera como una emisión, acaba llegando al medio ambiente, a la cadena alimentaria y a las personas. Hay una incapacidad del sistema para evitar y prevenir esto".
Más dura es aún María Dolores Raigón, catedrática de la Escuela Universitaria de Ingeniería Técnica Agrícola de la Universidad Politécnica de Valencia. "Las alarmas como ésta de Alemania son la punta del iceberg. Si profundizáramos en las técnicas intensivas de producción de alimentos frescos y elaborados nos sorprenderíamos de lo poco que transciende y de la exposición tan alta a la que nos encontramos".
Para Carlos de Prada, presidente del Fondo para la Defensa de la Salud Ambiental, es "tremendo" lo que ocurre, ya que la alarma por dioxinas en los piensos ha saltado varias veces en los últimos años en diversos países.
'Hay todo un tráfico ilegal de sustancias destinadas al ganado' - Carlos de Prada
"Como nos hizo ver el caso de las vacas locas, donde descubrimos que estábamos alimentando al ganado vacuno con restos triturados de ovejas muertas, padecemos un fenómeno de desnaturalización de la producción. Hay hormonas que se aplican al ganado y fármacos y antibióticos preventivos para que no enfermen y todo un tráfico ilegal de sustancias destinadas al ganado".
Abusos del mercado
Según Ángeles Parra, presidenta de la Asociación Vida Sana, que lleva 35 años defendiendo la salud ambiental y los alimentos ecológicos, "estas cosas pasan cada dos por tres en el sector de alimentación convencional donde los controles son pocos y mal hechos. Si hubiera más controles y si éstos fueran más estrictos, sólo Dios sabe con lo que nos encontraríamos. Un dato: según la OMS, el 80% de las enfermedades de la civilización tienen que ver con una dieta muy contaminada y errónea".
Ángeles Parra añade: "El mundo capitalista es un mundo en el que la actividad económica tiene unas reglas morales muy laxas. En ese contexto, una y otra vez, tanto en el sector alimentario como en otros, las empresas llevan a cabo estrategias de recortes de costos que tienen consecuencias nefastas en la salud de los consumidores y en los aspectos ambientales".
Para la doctora Romano, es necesario tener un mejor sistema de inspección y de control que evite que residuos industriales puedan acabar en la alimentación animal y de ahí en la humana, pero también es fundamental que dejemos de producir residuos peligrosos como las dioxinas, usando productos alternativos que ya hay en el mercado y prohibiendo las fuentes de emisión: "La incineración de residuos es la primera fuente de generación de dioxinas y por tanto habría que prohibir la incineración, como se ha prohibido en su día la quema en vertedero", afirma.
Asunto prioritario
Lo cierto es que la presencia de contaminantes químicos en la comida es un asunto prioritario para la UE, que apoya el trabajo de un grupo de investigación denominado CASCADE. Éste agrupa a 200 científicos de nueve países que estudian desde 2004 la presencia de tóxicos en los alimentos.
'Todo el mundo científico y político reconoce que hay que sustituir esos supertóxicos, pero no se toman medidas' - Dolores Romano
Uno de sus principales objetos de escrutinio son los llamados contaminantes orgánicos persistentes (COP), entre los que se encuentran las dioxinas. Los COP son sustancias fabricadas por el hombre con un largo ciclo de vida. A su potencial tóxico unen dos propiedades que las hacen más dañinas: no se descomponen y tampoco se eliminan del cuerpo. Es el efecto bioacumulativo: cuanto mayor es una persona más crece su exposición a los COP. Como además se acumulan en las grasas, la dosis crece en función de la grasa ingerida. También son bioacumulativos otros tóxicos como los metales pesados, con letales efectos para la salud y cuya presencia en alimentos como el pescado es cada vez mayor.
Los peores COP conocidos están incluidos en el Convenio de Estocolmo, un acuerdo internacional aprobado en 2004 por el que los países se comprometieron a dejar de fabricar una lista de 13 sustancias que luego se ha ido ampliando hasta incluir toda la familia de las dioxinas y otros compuestos, en su mayor parte insecticidas y pesticidas que se han usado con toda normalidad, antes de descubrirse su efecto letal.
Papel mojado
Pero ese convenio es papel mojado. "Todo el mundo científico y político, las organizaciones sociales y empresariales reconocen que hay que sustituir esos supertóxicos, pero no se toman medidas para hacerlo", asegura Dolores Romano.
Y mientras tanto, siguen presentes en el medio ambiente. Hace seis años, la entonces ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, colaboró con una campaña de sensibilización de la asociación WWF y se prestó a hacerse análisis de sangre junto a miembros de su equipo. De las 103 sustancias de siete familias químicas que se analizaron, 52 estaban en la sangre de los altos cargos del Ministerio. Entre ellas había dioxinas y sustancias químicas presentes en pesticidas, productos de limpieza y plásticos.
'No se han hecho estudios de los efectos de dos compuestos ni del cóctel de varios' - Nicolás Olea
Aquel singular gesto de denuncia cayó en saco roto. "El Plan Nacional de Aplicación del Convenio de Estocolmo lleva años prácticamente parado", afirma Miquel Porta. "Hace pocos días un grupo de científicos y 40 organizaciones sociales pedimos a Zapatero que vuelva a poner en marcha el plan de lucha contra los COP, que lleva en la vía muerta desde que cesó a Cristina Narbona", añade.
Para Carlos de Prada, estamos rodeados de productos químicos ideados por la industria para todo tipo de aplicaciones, pero apenas se han llevado a cabo estudios sobre el efecto que causan en nuestra salud. No se estudia el efecto individual de cada uno de ellos y mucho menos el efecto combinado que tienen en nuestro cuerpo, a pesar de que hay evidencias de que el peligro aumenta cuando interactúan. Es el "cóctel de tóxicos" que nos rodea, según afirma De Prada.
En el mismo sentido, el catedrático de Medicina Interna del Hospital de Granada Nicolás Olea, que forma parte de los investigadores europeos del grupo CASCADE, ha advertido en otras ocasiones que hasta ahora "se ha analizado la toxicidad individual de cada sustancia química por separado, pero no se han hecho estudios de los efectos de dos compuestos ni del cóctel de varios".
Cóctel de sustancias
Ese cóctel no para de aumentar. Se estima que en 1930 el hombre producía un millón de toneladas de productos químicos al año. Ahora estamos produciendo 400 millones de toneladas y no dejamos de poner en circulación sustancias nuevas.
Nadie sabe cuántas sustancias químicas diseñadas por el hombre circulan
Por increíble que parezca, nadie ha regulado todo eso. Hasta ahora, la industria ha lanzado moléculas sin tener que dar explicaciones y sin estudiar sus efectos en la naturaleza y en la salud. De hecho, nadie sabe cuántas sustancias químicas diseñadas por el hombre circulan. Hasta tal punto es así que hace sólo tres años que la UE puso en marcha una directiva llamada REACH para controlar los productos químicos que se fabrican en la UE. La fase preliminar acaba de terminar y ha dado una lista de 140.000 moléculas. "El panorama es desalentador. Es que no sabemos ni lo que hay ni para qué se usa", explica Dolores Romano.
Carlos de Prada apunta algunos compuestos que están en el centro de las críticas por sus potenciales efectos cancerígenos y sobre el sistema endocrino. Entre ellos están los parabenos (que se emplean en cosmética y limpieza), los compuestos bromados, usados como retardante de llama en tejidos y electrodomésticos, y los ftalatos, empleados para ablandar los plásticos.
Envoltorios y aditivos
Algunos conservantes, antioxidantes y demás aditivos han tenido que retirarse al demostrarse inapropiados.
Lo preocupante es que muchas de esas discutibles sustancias están en las tiendas de alimentación. Se usan para envolver la comida o como aditivo alimentario. Así, señala Dolores Romano, el estireno empleado en las bandejas de comida; el bisfenol A que se usa en el recubrimiento de latas y envases de comidas preparadas y los ftalatos, presentes en el PVC de embalaje de comida, son disruptores endocrinos que dañan la salud.
Y el peligro también está en los propios alimentos. Algunos de los conservantes, antioxidantes, colorantes, aromatizantes y demás panoplia de aditivos que aparecen como una E- seguida de un número en las etiquetas han tenido que retirarse al demostrarse inapropiados para el consumo humano.
Entre ellos está el edulcorante ciclamato (E-952) prohibido en EEUU por cancerígeno. Otros aditivos conflictivos son los seis colorantes (E-104, E-110, E-124, E-102, E-122 y E-129) que según un estudio publicado en la revista médica The Lancet están asociados al síndrome de hiperactividad en niños. Su efecto aumenta en presencia del conservante benzoato de sodio (E-211), corroborando la tesis del cóctel tóxico que defiende De Prada.
Olga Cuevas, directora del Instituto de Formación Profesional Sanitaria Roger de Llúria, lamenta el uso de ese tipo de productos: "No necesitamos ningún aditivo de la industria porque tenemos acceso a los alimentos frescos y naturales. Los están añadiendo para vender más, para tener mejor aspecto y porque cuando un alimento se conserva durante tiempo pierde sus cualidades organolépticas".
Ante este panorama, ¿qué se puede hacer al ir a la compra?, los expertos sugieren varias vías: comprar productos frescos, productos con el menos envase posible y consumir alimentos con certificado bio y eco cuyos estándares de producción avalados por controles oficiales aseguran que la química artificial no ha intervenido en el proceso. 


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ONU: Cuba es el país de América Latina y el Caribe que mas protege a sus bosques


Cuba es el país de América Latina y el Caribe con mayor proporción de área de bosque designada para funciones protectoras, según la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). La mayor de las Antillas aparece por delante de Chile, Ecuador, Trinidad y Tobago y Honduras en la lista sobre ese tema incluida en un informe sobre la situación de los recursos forestales en 2010, divulgado en la sede de la ONU en Nueva York.
El estudio fue presentado en ocasión de la celebración aquí de una reunión de Alto Nivel, dentro del programa del noveno Foro de la ONU sobre los Bosques que concluirá el viernes luego de dos semanas de discusiones.
El texto revela que en la región latinoamericana y caribeña el área de floresta dedicada a la protección del suelo y los recursos hídricos representa el siete por ciento de la superficie total de bosque, frente al ocho por ciento registrado a nivel mundial.
Ese nivel indica un ligero aumento en comparación con 1990, debido casi en su totalidad al crecimiento logrado en los países caribeños.
En general, América Latina y el Caribe cuentan con 14 por ciento de sus bosques reservados para fines de conservación de la diversidad biológica, lo que representa un incremento de más de tres millones de hectáreas al año (4,5 por ciento anual) desde el 2000.
El informe de la FAO afirma que en 2010 casi el 49 por ciento de la superficie total de esa región estaba cubierta por bosques, con unos 891 millones de hectáreas que representan alrededor del 22 por ciento a escala mundial.
Al respecto, Brasil es uno de los cinco países del planeta con mayor riqueza forestal, con 13 por ciento del área mundial de bosque y la mayor extensión de floresta tropical.
Asimismo, Brasil, Perú, Colombia, Bolivia y Venezuela son las naciones con más superficie boscosa de la región al agrupar el 84 por ciento del total.
El estudio advierte sobre una continua reducción de los bosques en América Central y del Sur y afirma que la causa principal de la deforestación es la conversión de tierras forestales a la agricultura y la urbanización.
El documento de la FAO analiza la situación actual y las tendencias en más de 90 variables relativas a la extensión, condición, usos y valores de todo tipo de bosques en 233 países y áreas, con referencia a los años 1990, 2000, 2005 y 2010.
Según el texto, en 2010 el área total de floresta en el mundo ascendía a algo más de cuatro mil millones de hectáreas, equivalentes al 31 por ciento de la superficie total de tierra y a 0,6 hectáreas por habitante.
Los cinco países con mayor riqueza forestal son Rusia, Brasil, Canadá, Estados Unidos y China, con más de la mitad del total del área de bosque del planeta, mientras que 10 naciones o áreas carecen de bosques.

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La dimensión psicosocial en el entendimiento del comportamiento humano frente al cambio climático

De la revisión de los diversos autores que han abordado la dimensión psicosocial del cambio climático se desprende que nuestro comportamiento frente al cambio climático se basa en la forma cómo percibimos el tema. Dos factores a considerar refieren a la distancia que percibimos el problema y el grado de afectación personal o colectiva que asumimos. Omland (2011) añade un tercer factor referido a la búsqueda permanente del confort presente. Bajo esta lógica el confort futuro (o el confort de otros) no es mi problema.
¿Por qué resulta tan difícil que en los procesos de negociación internacional se lleguen a acuerdos vinculantes para reducir las emisiones antrópicas de Gases de Efecto Invernadero? ¿Por qué no se aprecian medidas colectivas para la mitigación y adaptación al cambio climático? ¿Por qué nos resulta difícil pasar del conocimiento a la acción de manera individual respecto al cambio climático? Esas fueron las inquietudes que nos llevaron a profundizar la dimensión psicosocial para un mejor entendimiento del comportamiento humano frente al cambio climático.
La base de muchas decisiones para hacer frente al cambio climático radica en los mecanismos de mercado. Según esta perspectiva, lo que no tiene precio, propiedad y actores definidos de transacción económica no puede ser convertido en una herramienta de solución a los problemas ambientales. Así, desde un enfoque de mercado Fisher (2000) menciona que los derechos de propiedad son un componente fundamental de nuestra conducta social, particularmente en el campo económico, y su existencia no depende de un ordenamiento legal ad hoc, sino que estos se han desarrollado como módulos mentales instintivos por su utilidad adaptativa durante el proceso de consolidación de nuestra especie. Garret Hardin en la tragedia de los comunes nos da cuenta que si cada uno busca sacar el mejor provecho de los recursos, la libertad de los recursos comunes resulta la ruina para todos. Sin embargo, las explicaciones basadas en una racionalidad económica instrumental no son suficientes para explicar la complejidad de las decisiones ambientales. Crespo (2008) habla de empezar a abordar desde una racionalidad ética estratégica.
El problema ambiental no se puede abordar las posibles estrategias de solución de manera sesgada apelando sólo a los instrumentos políticos, económicos y jurídicos. Si la sociedad deja de ignorar que el problema no es de la naturaleza sino de nuestra forma de relacionarnos con ella, entonces estaríamos en condiciones de ahondar en nosotros más que en elementos externos (Omland, 2011). De ahí que el tema de la conciencia colectiva y la conciencia emocional sean elementos que debemos profundizar. Por ello la importancia de abordar las dimensiones psicosociales del cambio climático.
Lo primero que tenemos que reconocer a la persona humana como un ente biopsicosocial. Ello nos permite establecer claras relaciones de interacción e influencia entre el individuo y la sociedad. A nivel individual podemos hablar de personalidad y a nivel social hablamos de sintalidad. Hay que reconocer además que existen sociedades individualistas (como las occidentales, que enfatizan la competencia, el logro individual y la autonomía) y sociedad colectivistas (que privilegian la cooperación y la cohesión grupal) (Triandis y colaboradores, 1985).
Una constatación digna de ser tomada en cuenta es nuestra complejidad como personas. Según la teoría de la reversión es parte de la naturaleza humana ser complejos e inconstantes. Así nuestra conducta revierte entre los cuatro pares de estados opuestos: entre ser egocéntricos y ser altruistas, entre ser solidarios y ser dominantes, entre ser conformista y ser rebelde y entre ser serio y juguetón (Kourdi, 2008).
El descubrimiento más importante de la neurociencia es que nuestro sistema neuronal está programado para conectar con los demás, el mismo diseño del cerebro nos torna sociables y establece inexorablemente un vínculo intercerebral con las personas con las que nos relacionamos (cerebro social). No es de extrañar entonces que nuestras relaciones no sólo configuren nuestra experiencia, sino también nuestra biología (Goleman, 2006). A la complejidad de los individuos hay que agregarle entonces el hecho de la mutua influencia que se verifica en los grupos con los que alternamos.
Tomando prestado las explicaciones sociales de los movimientos sociales podríamos re parafrasear y decir “sólo si el grupo define colectivamente la situación como algo negativo que debe ser corregido podremos decir que ha emergido un problema ambiental” Javaloy y colaboradores, 2001). Esta explicación tiene un símil en la teoría de conflictos que dice que la existencia de un problema no significa que estemos frente a un conflicto sino que para que sea tal requiere una acción deliberada de bloqueo.
El International Human Dimensions Program-Global Enviromental Change (IHDP-GEC) reconoce cinco características de orden psicológico que complican el fenómeno:
• La baja visibilidad del cambio global
• La extrema dilación en mostrar la relación causa-efecto
• La psicofísica de los eventos de baja probabilidad 
• La distancia social entre actores y víctimas del cambio ambiental,
• El bajo índice subjetivo de costo/efectividad de la conducta protectora del ambiente (Urbina, 2008).
De la revisión de los diversos autores que han abordado la dimensión psicosocial del cambio climático se desprende que nuestro comportamiento frente al cambio climático basa en la forma cómo percibimos el tema. La percepción representa el proceso psicológico por el que la gente reúne información del medio y la da sentido a su mundo (Banks y Krajicek, 1991). Dos factores a considerar refieren a la distancia que percibimos el problema y el grado de afectación personal o colectiva que asumimos.
Por distancia se entiende a la cercanía o lejanía (física o temporal) del problema, que no quiere decir necesariamente distancia de las evidencias de los efectos del cambio climático. Podría estar al frente nuestro a ser parte de nuestra realidad pero igual podemos sentirlo distante. Bajo esta lógica los efectos del cambio climático son para otros, en lugares que no son los míos.
De manera similar el grado de afectación alude al grado de riesgo que asume la persona o colectivo frente a los efectos del cambio climático. Tampoco tiene que ver con la existencia de evidencias sino con el patrón mental. La actitud de invulnerabilidad personal sustenta la argumentación que “podrá afectar a otros pero a mi no me afecta”
A los dos factores arriba mencionados Omland (2011) añade un tercer factor referido a la búsqueda permanente del confort presente. Bajo esta lógica el confort futuro (o el confort de otros) no es mi problema. Un tema similar, aunque en otra perspectiva, refiere al “derecho a contaminar”: “si ellos (los países desarrollados) contaminaron para poder desarrollarse, entonces porque nosotros tendríamos que dejar de hacerlo”.
Tanto el factor distancia como el grado de afectación están influidos por el grado de veracidad que los sujetos y los colectivos creen o quieren reconocer en los efectos reales o aparentes del cambio climático. Aunque el IPCC menciona de manera inequívoca la responsabilidad antropogénica del cambio climático hay que reconocer que existe un grupo de escépticos que relativizan el origen antrópico del cambio climático actual o incluso lo niegan totalmente. Otros no discuten la certidumbre del cambio climático sino las estrategias y mecanismos cómo se los aborda.
Es indudable que la información y comunicación tienen un gran papel en la generación de la conciencia colectiva para abordar seriamente el cambio climático pero hay que analizar con mucha objetividad la forma cómo se las viene tratando, si es para generar temor, culpabilidad o es para generar el sentido de urgencia del cambio de actitudes.
Siguiendo a Lofland (1981) el modelo de comportamiento colectivo se sustenta, entre otros, en los componentes cognitivos, emocionales y de acción. Estos factores están estrechamente interrelacionados y no deben ser vistos de manera fragmentaria. Por ello, si bien es cierto el conocimiento es importante, no basta pues hay que llegar hasta el corazón y el espíritu de las personas y los colectivos. Hemos podido apreciar que tanto en la distancia como en el grado de afectación puede producirse bloqueos mentales a la luz de los paradigmas o creencias con las que actúan las personas y los colectivos.
La polémica sobre el cambio climático dista de ser sencilla y de fácil solución debido en gran parte a la falta de conocimiento científico, pero también a las barreras ideológicas y epistemológicas así como a los grandes intereses políticos y económicos que están involucrados tanto en sus causas como en sus posibles soluciones (Pisanty, 2008).
Frente a los límites de los enfoques legalistas y economicistas, una invitación a los psicólogos y psicólogos sociales para profundizar sobre estos temas y contribuir a la generación de estrategias efectivas para hacer frente al cambio climático. Todavía tenemos mucho que aprender sobre cómo convivir con nuestro niño(a) interior para poder desarrollar relaciones más armoniosas con el ambiente y la sociedad. www.ecoportal.net
Rodrigo Arce Rojas - Ingeniero Forestal
Bibliografía revisada:
Banks y Krajicek, 1991. Perception. En Annual Review of Psychology. 42: 305-331.
Crespo, Patricio. 2008. Decisiones ambientales y liberalismo. Abya Yala. Quito, 143 p.
Goleman, Daniel. 2006. Inteligencia social. La nueva ciencia de las relaciones humanas. Kairós. Barcelona, 543 p.
Javeloy, Federico; Rodríguez, Alvaro y Espelt, Esteve. 2001. Comportamiento colectivo y movimientos sociales. Prentice Hall. Barcelona, 443 p.
Kourdi, Jeremy. 2008. Estrategia. Claves para tomar decisiones en los negocios. 1ª. Ed. The Economist. Buenos Aires, 220 p.
Lofland, J. 1981. Collective Behavior: the elementary forms. En Rosenberg, M. y Turner, R. (Eds.): Social Psychology: sociological perspectives. Nueva York: Basic Boos, 411-446
Omland, 2011. Biodiversidad y cambio climático ¿Necesidad o solidaridad internacional? Editorial San Marcos. Lima, 242 p.
Pisanty, Irene. 2008. Cambio global y biodiversidad. En: Urbina Javier y Martínez, Julia. 2006. Más allá del cambio climático. Las dimensiones psicosociales del cambio ambiental global. Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales. Instituto Nacional de Ecología. Universidad Nacional Autónoma de México/Facultad de Psicología. México, 288 p.
Triandis, H. J. Leung, K., Villarreal, M. J. y Clack, F. L. 1985. Allocentric versus idiocentric tendencies: convergent and discriminant validation. Journal of personality and Social Psycology, 38, 257-267
Urbina, Javier. 2006. Dimensiones psicológicas del cambio ambiental global. En: Urbina Javier y Martínez, Julia. 2006. Más allá del cambio climático. Las dimensiones psicosociales del cambio ambiental global. Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales. Instituto Nacional de Ecología. Universidad Nacional Autónoma de México/Facultad de Psicología. México, 288 p.

http://www.ecoportal.net/Temas_Especiales/Cambio_Climatico/La_dimension_psicosocial_en_el_entendimiento_del_comportamiento_humano_frente_al_cambio_climatico

Las presas del río Madeira, amenazan a numerosos pueblos indígenas


Está prevista la construcción de una serie de enormes presas como elemento central del Programa de Aceleración del Crecimiento del Gobierno brasileño, que pretende estimular el crecimiento económico del país mediante la construcción de una enorme infraestructura de carreteras y presas, principalmente en la región del Amazonas.
El tamaño de estos proyectos amenaza con dañar o destruir amplias superficies de tierra, de las que dependen para su supervivencia numerosos pueblos indígenas, incluidos varios grupos de indígenas no contactados extremadamente vulnerables.
Las presas de Jirau y Santo Antônio son dos buenos ejemplos. Estas dos grandes presas, la de Jirau y la de Santo Antônio, que se están construyendo en el río Madeira, en la región occidental del Amazonas brasileño, tienen un coste estimado de 15 mil millones de dólares.
Las obras se iniciaron en el año 2008 y está previsto que la presa de Santo Antônio comience a funcionar en 2011 y la de Jirau en 2012.
En este proyecto están involucradas empresas europeas, como la francesa GDF Suez, y bancos, como el Banco Santander.
El departamento de asuntos indígenas del Gobierno brasileño, la FUNAI, tiene pruebas de que hay indígenas no contactados en las áreas afectadas por ambas presas. Algunos viven a tan sólo 10 kilómetros del emplazamiento de la presa de Jirau.
En un informe reciente, la FUNAI afirma que el ruido de las obras de construcción de la presa ya ha empujado a algunos indígenas a abandonar sus tierras y a desplazarse hacia un territorio donde los mineros operan ilegalmente. Cualquier encuentro entre los indígenas no contactados y los mineros podría desencadenar un conflicto.
Los indígenas no contactados tienen muy poca o ninguna inmunidad frente a enfermedades comunes, como la gripe o el sarampión, introducidas por los foráneos.
Cualquier forma de contacto supone una amenaza de extinción para los indígenas, como ya ha sucedido con frecuencia en el pasado.
Las presas de Jirau y Santo Antônio también suponen una amenaza directa para cuatro pueblos indígenas de la cuenca superior del río Madeira: los karitiana, los karipuna, los uru-eu-wau-wau y los katawixi. Pueblos indígenas como los parintintin, tenharim, pirahã, jiahui, torá, apurinã, mura, oro ari, oro bom, cassupá y salamãi, también podrían verse afectados.
Si la construcción de las presas prosigue, el proyecto incluirá nuevas carreteras que propiciarán la afluencia de madereros, mineros, colonos y ladrones de tierras a la zona, incrementando así la deforestación y perjudicando a la caza y a la pesca de las que dependen muchos indígenas para su supervivencia.
Podrían producirse tensiones y situaciones de violencia entre los foráneos y los indígenas al convertirse los territorios de estos últimos en objeto de codicia por su riqueza en recursos naturales.
Con las presas el agua quedará estancada, un caldo de cultivo idóneo para enfermedades mortales como la malaria, que ya son comunes en esta parte occidental del Amazonas.
Los pueblos indígenas apenas han sido consultados sobre el proyecto, y estos no han dado su consentimiento libre, previo e informado para la construcción de las presas.
Este hecho supone una violación de la Constitución brasileña y del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, que ha sido ratificado por Brasil.
Según Valmir Parintintin, líder de una comunidad del pueblo indígena parintintin: “El Gobierno aún no ha venido ni ha hablado con nosotros sobre los efectos que tendrá la presa. El mercado, el supermercado de los indígenas, es el río”.
Otro miembro del mismo pueblo, Domingos Parintintin, decía: “Esperamos que este proyecto no continúe, porque nuestros hijos serán los que sufran. No habrá suficiente pesca o animales para cazar”.
Por favor, escribe una carta de apoyo a los pueblos indígenas afectados por las presas del río Madeira. Tu carta llevará al Gobierno de Brasil el mensaje de que los derechos de los pueblos indígenas deben ser respetados. www.ecoportal.net

http://www.ecoportal.net/Eco-Noticias/Las_presas_del_rio_Madeira_amenazan_a_numerosos_pueblos_indigenas 

Colombia contribuye con el 5% de la deforestación global del planeta

Colombia contribuye con el 5% de la deforestación global del planeta

Así lo señaló el Dr. Juan D. Restrepo, Coordinador de la Maestría en Ciencias de la Tierra de la Universidad EAFIT, en el Foro “La tragedia invernal: problemas ambientales, causas y responsables”, evento organizado por el Foro Nacional Ambiental en la Universidad del Rosario-Bogotá.
El científico indicó que la deforestación es una de las principales causas de la tragedia invernal pues las intensas lluvias no encuentran ya cobertura vegetal, en la zona andina, que amortigüe las intensas precipitaciones y el agua arrastra un gran volumen de sedimentos, causando los desbordamientos de ríos como el Cauca y el Magdalena y la Depresión Momposina. Según Restrepo el 32% de la deforestación en la cuenca del Magdalena es originada por actividades humanas y el río arrastra anualmente 160 toneladas de sedimentos por kilómetro cuadrado. Esto lo convierte en la cuenca mas deforestada de Suramérica y la décima del mundo.
El país con un 0,1% de la superficie continental del planeta presenta una deforestación de 366.000 hectáreas año, según fuentes oficiales, aportando el 5% de la deforestación global, calculada por el informe de 2010 sobre recursos forestales globales de la FAO en siete millones de hectáreas.

El Foro del pasado martes se inició con una presentación del Director de Planeación Nacional Hernando José Gómez, sobre las cifras de la tragedia invernal que produjo 2 millones de damnificados, 400 víctimas fatales entre muertos y desaparecidos, 6.000 viviendas destruidas, medio millón de viviendas averiadas y cuantiosos daños económicos. Las cifras de la reconstrucción, según el funcionario, ascienden a más de veinte billones de pesos. La tragedia cambió el rumbo de la política ambiental, elevó el riesgo país, transformó la visión de Colombia sobre las consecuencias del cambio climático y obligó a introducir modificaciones en el Plan Nacional de Desarrollo, añadió Gómez.

A su vez, el representante de los pescadores del Bajo Sinú, Hamilsson Pitalúa, de la organización Asprosig, llamó la atención sobre los impactos negativos de la Represa de Urrá, que ha agravado los problemas de inundación en el departamento de Córdoba, donde además se han desecado ciénagas para habilitar terrenos a la ganadería y cultivos agroindustriales.

El Director del Centro de Estudios Urbanos de la Universidad Nacional, Gerardo Ardila, presentó un recuento gráfico del desbordamiento del río Bogotá, enfatizando en que existe un proceso de privatización del río y advirtiendo que si se hubieran roto los jarillones de la margen izquierda Bogotá hubiera vivido una tragedia de proporciones mayúsculas. Igualmente denunció la existencia de planes de vivienda en zonas inundables.

El Profesor Tomás León, experto agroecólogo, Director del Instituto de Estudios Ambientales (IDEA) de la Universidad Nacional, ilustró a la numerosa concurrencia en los impactos del modelo agropecuario del país y lo contrastó con la sabiduría del pueblo Zenú que supo comprender la lógica climática e hidrológica de la costa Caribe y convirtió el exceso de agua propio del invierno en una oportunidad.

El panel final del Foro, en donde estuvieron los ex – ministros de Medio Ambiente, Cecilia López y Juan Mayr, señaló la responsabilidad del Estado colombiano en su conjunto frente a la tragedia invernal, al tiempo que el Director de Asocars, Ramón Leal, explicaba el alcance del Decreto que modifica algunos aspectos de la estructura de las Corporaciones Autónomas Regionales, señaladas por el alto gobierno como responsables.

El Ex – Ministro de Medio Ambiente y Presidente del Foro Nacional Ambiental, Manuel Rodríguez Becerra, clausuró el Foro expresando su preocupación, compartida por las organizaciones que integraron el Foro, por todo lo ocurrido y por la anunciada reforma del procedimiento para expedir licencias ambientales que privilegia la celeridad frente a la profundidad que requiere el análisis del impacto de los grandes proyectos, entre ellos los mineros. Dicha reforma fue introducida en el proyecto de ley que adopta el Plan Nacional de Desarrollo y deja en manos de cuatro altos funcionarios la decisión sobre complejos emprendimientos extractivos, de infraestructura y agroindustriales.

La perrita, la lechuza y la diferencia entre dos países

La perrita, la lechuza y la diferencia entre dos países

Marzo 01 de 2011
Dos episodios ocurridos en las últimas semanas que implican crueldad contra los animales, han dejado al descubierto las dos posiciones radicalmente diferentes que existen en Colombia en materia ambiental y de protección de los animales.
La perrita sacrificada salvajemente por un policía hace algunos días, así como la patada que un jugador de fútbol le dio a una lechuza que cayó al campo de juego en un partido de fútbol profesional y que a la postre le ocasionó la muerte, denotan la existencia de dos sociedades diametralmente opuestas frente al tema. Casi que se podría hablar de dos países distintos, opuestos entre sí.

El primero, lamentablemente, conformado por quienes aún se comportan cual trogloditas, con el absoluto convencimiento de que están en todo su derecho no solo de tratar a otras especies con brutalidad y salvajismo, sino con la convicción de que la naturaleza fue creada para devastarla para comodidad de los hombres.

Y el segundo país, que afortunadamente lo conforma la gran mayoría y que además crece todos los días gracias a la educación, la enseñanza y la sensibilidad, es el que se escandaliza. El que hace que hechos como los anotados no solo se vuelvan titulares de primera página, sino que se indigna y está dispuesto a censurar e increpar públicamente a quienes insisten en ese tipo de conducta.

Conducta cuya diferencia radica en que se continúe inculcando a niños, jóvenes, adultos y viejos la compasión y el afecto por los animales así como el respeto por el medio ambiente.

Y sí, puede sonar a argumento manido, pero de continuar este país con el ritmo de devastación de la naturaleza alcanzado en los últimos años, no solo dejará de ser una de las naciones más ricas en materia ambiental en el mundo, sino que de insistir en extinguir especies, arrasar con bosques y selvas, contaminar ríos y corromper regiones enteras, las generaciones futuras se verán obligadas a vivir en un desierto lleno de basura y a conocer lo que alguna vez fue un país bendecido por la naturaleza, solamente por medio de fotografías.

Oigan a estos: ¿que no se puede defender los animales?

Oigan a estos: ¿que no se puede defender los animales?

Marzo 03 de 2011
Ramiro Velásquez Gómez
Horrorizados algunos por el escándalo con la violenta muerte de la lechuza. Afirman que ese día y al siguiente hubo asesinatos escabrosos de humanos y que se les puso menos atención. Mentiras. Si a eso vamos, nunca se podría denunciar el abuso con animales, porque casi todos los días en el país hay alrededor de 50 muertes violentas. Pobres argumentos.

Vayamos por partes. Lo que hizo el jugador del Pereira no tiene justificación. Su patada es el reflejo de cómo se tratan a diario los animales en la cotidianidad. Vaya a ver cómo patean perros callejeros en todos lados para ahuyentarlos, cómo les echan agua a los gatos y cómo hasta en las más encopetadas edificaciones sacan las crías de estos animales a cualquier rastrojo, a la intemperie. En las conversaciones se nota: en medio de risas se recomienda que "mejor ahóguelos". Vea cómo se enjaulan aves y mamíferos y vea cómo se venden en las carreteras y cómo se compran. Vea cómo se mantienen en algunos almacenes en condiciones dolorosas y desobligantes, mientras aparece el salvador: un comprador. Mire cómo unos (cada vez menos, es cierto) pagan un boleto para gozar con el dolor de un toro.

El maltrato está entronizado en nuestra cultura. Decía alguien, refiriéndose al caso del futbolista, que no entendía cómo causaba tanto revuelo si una voladura del oleoducto hace poco había causado peores daños a la fauna. Lógico, como el partido se televisaba, la patada fue mostrada por los medios de comunicación. Si estos no van a otro lugar o nadie reporta una afectación, eso no impide que se cuestione una actuación que sí se conoce.

Oportunistas que se las dan de muy humanos se preguntan cómo se destacó más esa patada alevosa que los asesinatos dolorosos del día. Lo que sucedió en Barranquilla a los ojos de las cámaras no se ve a diario. Por eso es noticia. Y hay que cuestionarlo. Lástima, sí, que se muestren tan pocos casos para la cantidad que se presenta.

El asesinato de una persona tiene quién lo asuma. Hay Policía, hay Fiscalía, hay CTI, hay jueces y comités de Derechos Humanos, etc. Y se investiga, con suma presteza, si el crimen ocurre en ciertas esferas o involucra personas adineradas, políticos o residentes en la capital. ¿Conoce alguien igual diligencia en la muerte de animales?

Los tiempos han cambiado. Muchísima gente aún asume que son los reyes de la creación. Pero cada vez hay más que nos convencimos de que somos un animal más entre todos los que pueblan este planeta. Y como algunos humanos son más racionales, eso obliga a tener consideración con los otros animales y a velar por ellos.

Qué tristeza, se duelen otros: dándoles comida a animales, con tanta hambre en este mundo. ¿Excluye lo uno a lo otro?

Como especie tenemos predisposición genética a ayudar a los congéneres, porque eso, de paso, involucra nuestra propia supervivencia o la de nuestros descendientes directos, pero hemos adquirido la capacidad de raciocinio para ver que todos en este mundo dependemos unos de otros.

Falta de sensibilidad.

domingo, 12 de diciembre de 2010

La oleada invernal: el clima y el modelo de desarrollo

Lunes, 06 de Diciembre de 2010 00:52 No hay desastres naturales sino respuestas de la naturaleza a las acciones humanas o incapacidades humanas para convivir con la naturaleza.

Una tragedia anunciada
Este año, nuevamente, más de medio país se encuentra gravemente afectado por los efectos de la ola invernal sobre unos territorios, unas comunidades y una institucionalidad que han perdido su capacidad para convivir sin traumatismos con los cambios del clima.
El fenómeno no es nuevo y se suele repetir años tras año. Recordemos que a principios de este año medio país se encontraba afectado por la temporada seca, cuyas manifestaciones más dramáticas eran los incendios forestales y los racionamientos  de agua (o en algunos lugares, la mera amenaza de racionamiento). Casi sin solución de continuidad pasamos de los desastres del verano a los desastres del invierno.
Gustavo_Wilches_Chaux
Los reportes oficiales informan que hasta la fecha en esta temporada invernal se han registrado 161 muertos, 223 heridos, 20 desaparecidos, 1.351.000 personas y 285.149 familias afectadas, 1.785 viviendas destruidas y 229.577 viviendas averiadas.
Bolívar, Magdalena, Córdoba, Sucre, Chocó y Antioquia son los departamentos que registran el mayor número de emergencias, pero el fenómeno afecta a otros muchos  departamentos del país.
No es la primera vez que la Sabana de Bogotá sufre los efectos de una fuerte  temporada invernal, pero el hecho de que el desastre toque a las puertas de la ciudad capital (y se meta a algunos de sus barrios) genera una mayor conciencia sobre la dimensión de los riesgos que todo el país se está viendo obligado a afrontar.
No estamos frente a dramas que solamente ocurren en regiones marginales, sino ante una realidad que también llegó a Bogotá.
Hace pocos días el presidente Santos manifestó que los daños ascienden a 86 mil millones de pesos, y que el Gobierno Nacional recurrirá a un crédito de emergencia por valor de 150 millones de dólares para hacer frente al desastre, tarea en la cual invertirá además otros 25 millones de dólares incautados al narcotráfico[1].
Desastre no natural... aunque es "natural" que se presente
Desde hace casi dos décadas, muchas personas (entre otras las que conformamos LA RED: Red de Estudios Sociales sobre Desastres) venimos insistiendo en la necesidad de quitarles el adjetivo "naturales" a los desastres. Por una simple razón: los desastres no los provoca la naturaleza, sino la incapacidad de las comunidades humanas para convivir tranquilamente con los efectos de las dinámicas naturales.
Esa batalla parece perdida, y todos los días oimos hablar con más frecuencia de "desastres naturales", incluso frente a desastres tan evidentemente generados por descuido humano, como la explosión del pozo "Macondo" en el Golfo de México.
¿Y por qué esa insistencia? No es solamente por inquietud académica ni por terquedad.
Cuando explícita o implícitamente le echamos a la naturaleza la culpa de los desastres, ocultamos los verdaderos factores que los provocan y, en consecuencia, dejamos de actuar sobre las causas, para limitarnos a ver cómo unos organismos de socorro sobrecargados de responsabilidades, intentan -esta vez literlamente- "rescatar a los náufragos".
Mientras tanto, seguimos sin cuestionar una manera de concebir y de llevar a cabo el desarrollo, que cada vez genera más "naufragios".
Las sabanas pertenecieron al agua ¿intenta recuperarlas?
La humanidad se demoró muchas generaciones en comprender que existe una relación de causa-efecto entre el acto sexual y el parto que suele ocurrir en promedio nueve meses después. 
Lo mismo nos sucede ahora con los desastres: a pesar de que la naturaleza habla cada vez de manera más clara y más contundente, todavía no reconocemos la relación de causa-efecto que existe entre determinadas decisiones sobre el desarrollo y la ocurrencia de algún desastre en particular.
La ciudad de Bogotá, con sus casi 40.000 hectáreas construidas y sus ocho millones de habitantes, crece día a día sobre un territorio que, de alguna manera, todavía pertenece al agua y que hasta hace unos 28.000 años ocupó el hoy llamado Lago de Humboldt, que se "desaguó" por el Salto del Tequendama cuando, de acuerdo con la leyenda muisca, Bochica removió ese tapón.
A Fernando Virviescas, ex rector de la Universidad Nacional, le oí por primera vez el dato de que Bogotá y sus alrededores comenzaron el siglo XX con 50.000 hectáreas de humedales y lo terminaron con 600 hectáreas. Lo que quiere decir que a lo largo de aproximadamente 60 años de ese siglo reciente, se desecaron 49.400 hectáreas de humedales para construir esta ciudad.

Gustavo_Wilches1Y así se ve hoy Bogotá. En el recuadro amarillo están el aeropuerto Eldorado y la Avenida 26.

No se necesita la presencia de un agudo fenómeno de "La Niña" como el que ahora afecta a esta región del continente suramericano, para que las fuertes lluvias (que también existen sin "La Niña") ocasionen desastres.
Imprevisión y ambición
Con alguna frecuencia presenciamos las inundaciones en lugares en donde los humedales han sido desecados para construirles encima una barrio o una autopista, o en sectores de Bogotá construidos por debajo del nivel del río Tunjuelito o del río Bogotá.
En otras regiones de Colombia, como la Depresión Momposina, la Mojana o el departamento de Córdoba, en los dominios del Sinú, la dinámica del agua todavía sigue mandando la parada, como lo ha hecho desde que la evolución orográfica del territorio determinó que grandes ríos de lo que hoy es Colombia, como el Magdalena, el Cauca, el San Jorge y el Sinú, depositaran sus aguas en la llanura del Caribe, muchos kilómetros antes de desembocar "oficialmente" en el mar.
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El territorio mismo fue creando dobladillos, como las ciénagas y los humedales,  que le permitieran acoger las aguas excesivas durante la temporada invernal.
Las culturas que surgieron en estrecho contacto con esas dinámicas, desarrollaron estrategias que no solamente les permitían convivir con las inundaciones, sino que hacían de ellas una bendición.
Eran las culturas que el maestro Orlando Fals Borda llamó "anfibias", de las cuales existen todavía varios remanentes vivos en esa parte del país. 
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El Bajo Magdalena es uno de los territorios colombianos que pertenecen al agua
No hace más de dos meses un grupo de comunidades vecinas del Bajo Sinú, herederas directas de las estrategias de "gestión territorial" de la cultura Zenú, denunciaron que en los últimos diez años se han desecado en su región cerca de 23.000 hectáreas de humedales y se han construido diques y otras obras de infraestructura para evitar que el agua pueda recuperar los espacios que le han sido arrebatados, para albergar unas cuantas cabezas adicionales del ganado.
En esas condiciones el río no tiene hacia dónde más crecer y, necesariamente, tiene que inundar a los pueblos y ciudades que se han construido en sus orillas. Y en las zonas rurales, alcanzar alturas que superan la capacidad de adaptación de las comunidades de la zona. ¿Qué otra cosa puede hacer?
En esta dramática temporada invernal ha resultado muy interesante oir al ministro de Transporte cuando afirma que la culpa del desastre que afecta a la red vial del país, no se le puede echar de manera exclusiva a la lluvia, sino que hay que tener en cuenta que muchas de las carreteras afectadas han sido diseñadas y construidas sin tener en cuenta las características y las limitaciones del territorio que esas vías atraviesan[2].
¿Quiénes son, entonces, "El Niño" y "La Niña"?
La Tierra es un organismo vivo en permanente movimiento y transformación. El clima y el tiempo (en sentido meteorológico), son dos de las expresiones más evidentes de esa condición cambiante de nuestro planeta.
Los meteorólogos hablan de "variabilidad climática" para referirse a los cambios que de manera permanente experimenta el tiempo, que va desde las estaciones  (primavera, verano, otoño e invierno en los países "de clima templado" y "estaciones secas" y "estaciones lluviosas" en nuestra región intertropical) hasta los cambios que se producen en el curso de un sólo día.
Por ejemplo, el cielo despejado en las mañanas y los fuertes aguaceros en la tarde. Y claro, los cambios del clima en períodos muy prologados, que para el caso de lo que hoy es Bogotá, determinaron que hace unos 12.000 años los hielos cubrieran los cerros orientales y llegaran hasta los actuales límites de la parte plana de Bogotá; o que hace unos dos y medio millones de años la vegetación de la sabana fuera similar a la que hoy encontramos, mil metros más arriba, en el páramo de Sumapaz.
Otra de las manifestaciones de la "variabilidad climática" es el llamado ENOS ó El Niño Oscilación Sur, que comprende una fase de calentamiento de las aguas del Océano Pacífico frente a las costas suramericanas (fase "El Niño"), una fase de enfriamiento de esas mismas aguas por debajo de la temperatura normal (fase "La Niña", como la actual) y una fase neutra, durante la cual esas aguas conservan su temperatura habitual.
El nombre "El Niño" proviene de los pescadores del Perú, que notaron que esa expresión de la variabilidad climática se solía producir en cercanías de la Navidad.
Apenas medio grado
Los estudiosos de ENOS, como el neozelandés Kevin E. Trenberth, del National Center for Atmospheric Research de Boulder, Colorado, explican que "El Niño" se produce cuando durante seis o más meses hay un calentamiento de las aguas oceánicas de por lo menos medio grado Celsius por encima de la temperatura media; y que "La Niña" aparece cuando la temperatura media desciende por lo menos en esa misma cantidad.
De ENOS y sus expresiones, "El Niño" y "La Niña", se afirma que son cuasi-periódicos, es decir, que no aparecen con intervalos totalmente regulares.
Sin embargo, algunos investigadores, aproximando cifras recogidas durante los últimos 50 años, afirman que el periodo de retorno del fenómeno suele oscilar entre tres  y cinco años, mientras que el periodo de retorno de ENOS intensos anda entre los 15 y los 20 años.
Si bien el fenómeno se origina en los intercambios de energía entre el Océano Pacífico central y el agua frente a las costas suramericanas, ese pequeño ascenso o descenso de la temperatura de las aguas del mar basta para alterar totalmente el clima y el tiempo de La Tierra durante los meses en que tiene lugar.
"El Niño" y "La Niña" no se expresan de la misma manera en los distintos lugares del planeta, ni en las distintas regiones dentro de un mismo país.
Así, por ejemplo, en algunas regiones de Colombia, "El Niño" se caracteriza por la ausencia de lluvias, que provocan fuertes sequías, incendios forestales y heladas en las zonas altas, así como un fuerte descenso del nivel de los embalses o presas para la generación hidroeléctrica.
Y "La Niña" suele manifestarse en un aumento  de las lluvias, que a su vez produce inundaciones, deslizamientos, crecientes de ríos, destrucción de puentes, carreteras y de otras obras de infraestructura, la pérdida de cosechas y la destrucción de viviendas como los estamos contemplando actualmente. 
Por supuesto, los seres humanos, sus animales, su economía, su calidad de vida y sus oportunidades se ven gravemente afectadas.
Sin cambio climático, ya se han presentado temporadas muy fuertes tanto de "El Niño" como de "La Niña". "El Niño" de 1982-83, por ejemplo, significó para el Perú pérdidas estimadas en dos mil millones de dólares como resultado de las intensas lluvias en la costa norte y la sequía que afectó el altiplano del sur. 
Como recordamos muchos habitantes de Colombia, entre 1992 y 1993 las sequías provocadas por "El Niño" obligaron al gobierno de Gaviria a ordenar fuertes racionamientos de energía.
En 1997 y 1998, uno de los más fuertes Niños que se han registrado, la temperatura promedio en el país estuvo entre 2 y 5 grados Celsius por encima del valor normal.
El clima,  chivo expiatorio
Los meteorólogos coinciden en afirmar que uno de los efectos esperados del cambio climático es la agudización de este tipo de fenómenos, lo que en la práctica quiere decir que en el futuro vamos a tener temporadas ENOS más frecuentes y más fuertes. Lo que estamos presenciando hoy, bien puede significar que ese futuro ya llegó.
Sin embargo, no podemos tomar ni al cambio climático ni a "El Niño", ni a "La Niña", como chivos expiatorios para echarles la culpa de todos los desastres desencadenados por esas dinámicas hidrometeorológicas.
Si el desarrollo no se lleva a cabo teniendo en cuenta las características de los ecosistemas, con o sin cambio climático vamos a causar y tener grandes desastres.
La actual temporada de "La Niña" ocurre en el momento preciso para servir de "alerta roja", para que el Plan de Desarrollo del gobierno actual sea plenamente consciente de que, o sus cinco "locomotoras" avanzan respetando cuidadosamente la integridad y la diversidad de los ecosistemas (como, entre otras cosas, lo ordena la Constitución Nacional), o tarde o temprano pueden quedar hundidas bajo el agua. La naturaleza no admite apelación.
La naturaleza ha mejorado notablemente sus sistemas de cobro, y cada vez está siendo más evidente y de más corto plazo,  la relación de causa efecto entre las decisiones equivocadas del desarrollo y los desastres que estas generan.
* Doctor en Derecho y Ciencias Políticas y Sociales, primer director de la Corporación NASA KIWE, miembro fundador de LA RED (Red de Estudios Sociales sobre Desastres en América Latina). Consultor independiente y escritor.   

Cambio Climático: La fuerza de las ideas, los argumentos y los sueños

La Conferencia de la ONU sobre Clima debería concluir en un acuerdo que haga frente a las causas y los costos crecientes del desorden ambiental que amenaza al planeta.


Un nuevo intento
Delegaciones de la mayor parte de los países del mundo asisten en Cancún, México, a una nueva Conferencia de la ONU sobre Cambio Climático para intentar, como en las anteriores reuniones, llegar a acuerdos multilaterales, decisivos para el futuro del mundo.
Aunque todavía subsisten incrédulos respecto de la responsabilidad de la especie humana en el proceso del calentamiento global, éstos son cada día menos ante las evidencias científicas apabullantes, que están demostrando cómo, efectivamente, nuestra forma de relación con la naturaleza, nuestros patrones de consumo, el uso desbordado de combustibles fósiles y la deforestación, por mencionar sólo algunas realidades, llegaron a incidir sobre el clima del planeta.
Algunos de esos incrédulos cada día están más cercanos a quienes sostenían que la Tierra es plana, o a aquellos que defendían que el universo giraba alrededor de La Tierra, o a quienes, todavía, se empecinan en decir que es imposible el movimiento de los continentes.
Otros persisten en negar las evidencias sobre el cambio climático por las profundas implicaciones que el reconocerlo representa para sus intereses, el de sus patrones y, en ocasiones, el de mecenas generosos.
Pero también hay muchas otras personas a quienes estos temas simplemente no les interesan...Siempre ha sido así.
Poca disposición
Ahora bien, ¿qué tan dispuesta está la sociedad en su conjunto para cambiar los patrones de consumo?,  ¿qué tanto están dispuestos los gobiernos a comprometerse a fondo en cambios estructurales que disminuyan, en unos 40 o 50 años, las curvas de crecimiento de los Gases de Efecto Invernadero (GEI), para llegar a valores en donde el clima no resulte tan afectado?
Parece que hay poca disposición para hacer cambios; los analistas e, incluso, los negociadores, son escépticos respecto de los resultados de la cumbre de Cancún y salvo que se presenten insólitas o novedosas propuestas, o que aparezca una pléyade de gobiernos altruistas con gran peso político y dispuestos a hacer cambios -esos no existen- los resultados están cantados.
No se llegará a los acuerdos sustantivos respecto de la mitigación de GEI, ni sobre el pretendido Fondo de Adaptación.
Seguramente saldrán comunicados altisonantes, en los que dirán cuánto les importa el planeta; eventualmente se llegará a algunos acuerdos generales pero no vinculantes, que deberán ser desarrollados en futuras Conferencias y, eventualmente, se podría llegar a un acuerdo respecto de un mecanismo económico, basado en Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación Evitada más conocido como REDD+ o REDD plus.
Los costos para Colombia
¿Qué representa esto para Colombia? ¿Estamos preparados ante los efectos del cambio climático?, ¿Qué tanto nos pueden afectar los fenómenos climáticos extremos -su aumento e intensidad- y las variaciones esperadas por lluvias, sequías, y temperaturas extremas a mediano y largo plazo?, ¿Qué tan vulnerables somos?
Las respuestas a estas preguntas no son buenas.
- En Colombia la mayor parte de la población se encuentra asentada en las zonas Andina y  Caribe.
-La infraestructura vial transcurre en un alto porcentaje por terrenos con altas pendientes, donde la posibilidad de deslizamientos, avalanchas o riadas y la de inundaciones que impidan el tránsito en las partes bajas, son muy elevadas. Entre otras razones, porque el diseño de las vías nunca ha considerado de manera adecuada estos fenómenos y se ha llegado a que, año tras año, haya que destinar cuantiosos recursos para atender las  emergencias repetidas, que bien podrían evitarse con diseños viales apropiados y constructores honestos.
- Si estas son las consecuencias de las condiciones meteorológicas actuales, fácilmente constatables ante las precipitaciones que estamos viviendo con el fenómeno de "La Niña", lo que se espera con el aumento de las lluvias es que se intensifique el aislamiento e, incluso, que se llegue a la parálisis de algunas regiones con las consecuentes pérdidas económicas.
- La región Caribe tiene extensas zonas que históricamente han sido de inundación, donde  - por una inadecuada ocupación del territorio y por la permisividad atribuible a falta de normas o a falta de autoridad que haga cumplirlas- con obras mal diseñadas o mal mantenidas, se ha permitido establecer asentamientos humanos y desarrollar proyectos destinados ellos mismos a sufrir las consecuencias de las  inundaciones.
- En las ciudades andinas, las poblaciones social y económicamente más vulnerables, asentadas en zonas de ladera, son las más susceptibles a las emergencias que ocasionan las riadas y los grandes desplazamientos de tierra.
- Los pobres que viven en las llanuras, en zonas de manglares, en playones o islas, de tiempo en tiempo están sometidos a grandes inundaciones causadas por el crecimiento de ríos y quebradas.
- Además, con el aumento del nivel del mar, se prevé que extensas regiones en el Caribe y en el Pacífico queden sometidas a ser zonas de inundación, de suerte que los poblados tendrán que relocalizarse.
- La Comunicación Nacional de Cambio Climático determinó que los ecosistemas y los sectores productivos, especialmente el agropecuario y el energético, son altamente vulnerables a la disminución de la precipitación pluvial, teniendo en cuenta que los escenarios de cambio climático dan cuenta de que se presentará una disminución de lluvias, entre un 10 y un 30 por ciento, especialmente en las zonas Andina y Caribe.
Se indica, por ejemplo, que alrededor de un 47 por ciento del total de las áreas de economía campesina, el 50 por ciento de las de pasturas y el 43 por ciento del total de generación eléctrica con agua existente y proyectada, registrarán un muy alto impacto por la reducción de la lluvias en el período comprendido entre los años 2011 a 2040.
Compensación por menos emisiones de GEI
Teniendo en cuenta las bajas emisiones de GEI de Colombia -apenas un  0,37 por ciento del total mundial- y el grave daño que ese tipo de contaminación ocasiona en términos ecosistémicos, económicos y sociales, es evidente la importancia que tiene para el país el que se llegue a acuerdos que establezcan metas de reducción de esos gases y la creación de fondos y mecanismos económicos que les permitan a los países con menor capacidad económica y mayor vulnerabilidad, adaptarse a las cambiantes condiciones del clima.
Colombia siempre ha abogado para que no se establezcan límites a emisiones en los países en vías de desarrollo que son bajos emisores, como el nuestro, pero es difícil pensar que las naciones desarrollados y las grandes economías en vías de desarrollo (Brasil, China, India) estén dispuestas a asumir compromisos económicos en materia de adaptación sin que, a cambio, se establezcan también metas de reducción de GEI a los demás países del mundo.
Este tema es el principal escollo que hay que resolver, aunque hasta la fecha no se vislumbran acuerdos en ese sentido.
Pagar por conservar
Respecto del mecanismo económico REDD plus, que permitiría pagarles a los países -mejor aun, a las comunidades- que aún cuentan con bosques para que no los deforesten o para que éstos no se degraden, se ha avanzado en acuerdos previos a la Cumbre de Cancún.
Se calcula que efectivamente es posible que se llegue a un acuerdo vinculante sobre este mecanismo. Las diferencias aún persisten en cuanto a sí la contabilidad sobre deforestación deben hacerse a escala nacional (reporte de país con las cifras de deforestación) o subnacional (reporte por regiones, dada la limitada gobernabilidad que tienen algunos países sobre su territorio).
Este mecanismo puede generar los recursos económicos que en alguna medida permitan coadyuvar para que las comunidades en donde se tienen bosques no los talen y sean protegidos, y para que no se dediquen, además, a actividades con alto poder degradador y contaminante, como es el caso de la minería en el Chocó.
Lo que queremos dejar
Es de esperar que en Cancún se den respuestas a uno de los mayores retos de la humanidad, que representa a su vez la viabilidad o inviabilidad de la búsqueda de soluciones comunes, enmarcado en acuerdos intergubernamentales vinculantes.
Estos acuerdos permitirían reorientar el desarrollo humano hacia prácticas más conscientes sobre la finitud de los recursos naturales, sobre el planeta que queremos dejarles a las generaciones futuras y sobre los valores que queremos inculcarles a nuestros hijos.
El que se tengan fracasos tan grandes en este tipo de acuerdos multilaterales, como en Doha, no es razón para creer que ante la magnitud de las afectaciones climáticas mundiales que se pueden derivar de la inacción, no se pueda llegar a acuerdos.
Esperamos que la razón llegue a los negociadores y que se materialicen algunos acuerdos... Seguramente no se llegará a todos, pero la humanidad ha mostrado, en ocasiones, que el poder de la razón, de los argumentos, de las ideas y de los sueños, ha logrado mejorar situaciones y evitar catástrofes.
* Geólogo, experto en Geología Ambiental, Políticas, Gestión e Información Ambiental.

http://www.razonpublica.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1612:cambio-climatico-la-fuerza-de-las-ideas-los-argumentos-y-los-suenos&catid=20:economia-y-sociedad&Itemid=29

Deforestación ha hecho de este invierno una tragedia

Deforestación ha hecho de este invierno una tragedia
La deforestación es uno de los mayores problemas que afronta Colombia en la actualidad, algo que pone en riesgo la biodiversidad nacional. / Unimedios
La deforestación es uno de los mayores problemas que afronta Colombia en la actualidad, algo que pone en riesgo la biodiversidad nacional. / Unimedios
Bogotá D.C., dic. 07 de 2010 - Agencia de Noticias UN - La relación es directa: menos cobertura vegetal es igual a más vulnerabilidad por fenómenos invernales como el actual. En ese sentido, la prevención ha sido casi nula en nuestro país.
Orlando Rangel, autoridad en el tema de biodiversidad y conservación del Instituto de Ciencias Naturales de la UN, asegura que es tal el grado de deforestación que vive el país que en regiones como el Magdalena Medio la cobertura vegetal ya retrocedió hasta el 50% en relación con la distribución original, esto en tan solo en 25 años.
En el país, la pérdida de capa vegetal está cercana al 35%, principalmente en las regiones Andina y Caribe, donde se hallan las mayores concentraciones humanas. Según Rangel, se calcula que la deforestación al año, solo en el Magdalena Medio, es de 82 mil hectáreas. Esto se debe, dice, a que Colombia es un país que consume mucha madera (unos cuatro millones de metros cúbico al año). Asimismo, destaca que solo el 20% de esa madera proviene de plantaciones forestales.
“Si consideramos otros tres puntos geográficos en Colombia, como el Chocó, los Andes y la Orinoquia, tendríamos 240.000 hectáreas anuales que se incorporan a la producción agropecuaria. A esto se deben sumar 130.000 hectáreas anuales de bosque nativo para el consumo de madera y 30.000 hectáreas que se dedican a los cultivos ilícitos, cuyo estimativo oscila entre 400.000 y 450.000 hectáreas de cobertura natural que se pierde cada año en Colombia”, afirma el profesor Rangel.
Por otro lado, asegura el experto, Colombia es un país privilegiado en recursos hídricos debido a su ubicación geográfica entre dos océanos, lo que permite contar con una atmósfera que nos provee de agua en grandes cantidades.
“Esa es una situación que siempre ha sido así. La actual temporada invernal se ha repetido en el pasado, muchas veces. Lo que pasa es que no tenemos registros pluviales históricos que nos permitan hacer valoraciones y comparaciones, mucho menos tomar medidas de mitigación, ha faltado institucionalidad en ese sentido”, resalta el profesor Rangel.
Es como si camináramos a ciegas hacia el futuro; al no conocer los fenómenos meteorológicos del pasado se hace muy difícil prever lo que vendrá en próximos años. Sin embargo, enfatiza Rangel, la academia puede entregar argumentos lo suficientemente sustentados y validados para paliar buena parte de los efectos del clima en una época en que la cobertura vegetal no es la misma de décadas atrás.
“Si fuéramos conscientes de nuestra situación tan excepcional como país, podríamos adoptar ciertas medidas de prevención para mitigar el impacto, porque este tipo de inviernos no será el último, vendrán muchos más. En el país se deben adoptar medidas fuertes para evitar la creciente pérdida de cobertura vegetal, porque en mi opinión ese es uno de los mayores problemas que tiene el país”, indicó el profesor.
También explica que la deforestación ha hecho de este invierno una tragedia debido a que no se le está permitiendo al agua tener los ciclos normales de circulación y recarga. Como nos lo enseñan desde los primeros años de colegio, el agua se evapora, asciende para recargar las nubes y luego una buena parte se precipita.
Parte del líquido que cae es utilizado por la vegetación, otra parte entra a las correntías del subsuelo y otra retorna al mar o a los sitios de captación natural.
“Cuando la capa vegetal es retirada no hay nada que permita amortiguar los excesos de agua y por eso la tierra se satura, no hay barreras naturales de protección. Esa sobrecarga de agua es la que produce los movimientos en masa”, detalla Orlando Rangel.
Es por eso que las escenas de carreteras taponadas se repiten a lo largo y ancho de la Región Andina del país, donde ha sido borrado del mapa cerca del 60% de los bosques que ayudaban a “amarrar” la tierra.
El mensaje del profesor Rangel es directo: las instituciones oficiales no deben ver a la academia como un rival sino como un aliado para buscar soluciones ante fenómenos como la deforestación y el cambio climático.
Sin un sector estatal con criterios técnicos y científicos de calidad, sustentados en investigaciones y proyecciones de largo tiempo, el país seguirá improvisando en temas como el del invierno y lamentándose cada año.