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viernes, 18 de noviembre de 2011

FAO: Cultivos alimentarios tradicionales de todo el mundo necesitan protección urgente frente al cambio climático

Los cultivos alimentarios tradicionales y otras variedades vegetales de todo el mundo necesitan protección urgente frente al cambio climático, advirtió hoy la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).
 
En el décimo aniversario del Tratado Internacional para proteger y compartir los recursos fitogenéticos, el director general de la FAO, Jacques Diouf, pidió desarrollar políticas específicas para conservar y potenciar el uso de las variedades vegetales para las generaciones venideras.

Diouf alabó la inyección de seis millones de dólares disponibles a través del tratado para ayudar a los campesinos dedicados a los cultivos tradicionales a adaptarse al cambio climático.

“La conservación y uso sostenible de los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura son claves para garantizar que el mundo produzca alimentos suficientes para alimentar su creciente población en el futuro", señaló.

Resaltó que el acervo genético mundial de más de 1.5 millones de muestras de material fitogenético, gestionado por los países firmantes del Tratado Internacional sobre los Recursos Genéticos para la Alimentación y la Agricultura, representa “la base para más del 80 por ciento de los alimentos del planeta de origen vegetal”.

Asimismo, dijo que “es posiblemente nuestra herramienta más importante para la adaptación de la agricultura al cambio climático en los años venideros".

El "fondo de distribución de beneficios" del Tratado se utiliza para apoyar a los agricultores y mejoradores genéticos en 21 países en desarrollo para adaptar los cultivos clave a las nuevas condiciones creadas por el cambio climático, las inundaciones, las sequías, las plagas y enfermedades de las plantas y otros factores.
Los efectos del cambio climático en la agricultura “no respetan las fronteras nacionales, sino que abarcan zonas agroecológicas completas", señaló por su parte Shakeel Bhatti, actual secretario del Tratado Internacional.

“Por esta razón -añadió-, esta carpeta de proyectos está adquiriendo un enfoque pionero en generar una base mundial de conocimientos. Algunos de estos proyectos nos ayudarán a establecer prioridades claras y planes de acción transfronterizos para actuaciones futuras”.

La FAO informó que uno de estos proyectos se centra en un santuario de la papa en Perú, en donde los miembros de la comunidad combinan los conocimientos tradicionales con los esfuerzos para conservar las variedades nativas, mejorar la producción y garantizar la seguridad alimentaria. www.ecoportal.net
Notimex
www.notimex.com.mx

martes, 15 de noviembre de 2011

Sociedad civil debe tomar las riendas de Río+20

Si los activistas crean su propio plan de acción para salvar la Tierra, los gobiernos no necesitarán negociar reglas comunes para naciones y comunidades desiguales en riqueza y capacidad técnica.

NACIONES UNIDAS, 14 nov (Tierramérica).- A menos que la sociedad civil organizada lance su propio plan de acción en la Cumbre de la Tierra (Río+20) que se realizará en junio de 2012 en Río de Janeiro, la conferencia será poco más que un lujoso debate.

Esto se debe a que los delegados de los gobiernos no abordarán el problema de reorientar la economía mundial, tarea que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) considera esencial para hacer frente a la creciente crisis de sustentabilidad ambiental.

El informe que a comienzos de este año presentó el secretario general Ban Ki-moon al comité organizador de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible (Río+20) señala que para hacer sustentables los modelos de consumo y producción, las políticas públicas deben ir "mucho más allá" de enderezar los precios.

Pero Ban no dijo qué medidas específicas se necesitan. De hecho, en ninguna parte de la enorme cantidad de documentación que la ONU ha producido desde que convocó la primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente Humano, en junio de 1972 en Estocolmo, se puede hallar un solo análisis sobre ese tema.

La Agenda 21, el voluminoso plan de acción adoptado en la Cumbre de la Tierra de 1992 en Río, tampoco abordó el asunto, y la Comisión sobre el Desarrollo Sostenible, que vigiló su implementación durante dos décadas, no lo consideró.

El Estudio Económico y Social Mundial que la ONU publicó este año, estima en 72 billones de dólares el costo de hacer verde la economía mundial, sin detallar cómo.

Estas lagunas reflejan una ineludible realidad política contemporánea: el poder de las corporaciones que dominan la economía mundial y que establecieron los actuales modelos de producción y consumo con el objetivo de maximizar sus ganancias y de oponerse a los acuerdos que intenten restringir sus efectos sociales y ambientales negativos.

Entre los años 70 y 80, la ONU intentó infructuosamente negociar un código de conducta para las corporaciones transnacionales. En la década posterior, probó un enfoque más blando, invitándolas a integrarse al Pacto Mundial para el cumplimiento voluntario de una serie de estándares ambientales y de derechos humanos.

Menos de 5.000 de las 60.000 corporaciones con ganancias anuales de más de 1.000 millones de dólares se unieron al Pacto Mundial. E incluso esta cifra minúscula maquilla su verdadero impacto, ya que incluye empresas pequeñas y medianas, muchas de países en desarrollo.

Durante este prolongado punto muerto, los problemas ambientales adquirieron proporciones de catástrofe. La contaminación y la pérdida de hábitat llevan especies a la extinción a un ritmo que no se veía desde la desaparición de los dinosaurios.

En la última década, condiciones meteorológicas extremas que los científicos asocian con el recalentamiento planetario causaron desastres naturales sin precedentes en todo el mundo.

A menos que se frene el calentamiento, los científicos proyectan cambios significativos en lluvias y sequías, con importantes consecuencias para la productividad agrícola. Si no se hace nada para evitar el recalentamiento planetario, podría acuñarse una era de guerras por la tierra que destruirían toda semblanza de legalidad y orden internacional.

Pese a estas perspectivas aterradoras, pocos gobiernos están dispuestos a enfrentarse a los intereses corporativos.

En este escenario, la sociedad civil organizada es la que puede elaborar una estrategia de salida segura. Conoce la naturaleza y el alcance de los problemas ambientales, e Internet le ha dado una capacidad sin precedentes para crear redes mundiales.

Si el activismo combina esos elementos con la capacidad local para la acción efectiva –lo más sencillo sería aliarse con pequeñas y medianas empresas–, podría crear un mecanismo poderoso y flexible, capaz de trazar el mapa de los problemas ambientales, controlar su desarrollo y hacerles frente, promoviendo al mismo tiempo actividades económicas amigables con la naturaleza en lo local y regional.

Así se movería gradualmente la economía mundial de los enormes intercambios internacionales que desperdician gigantescas cantidades de energía y recursos naturales hacia modelos de actividad regional y subregional mucho más eficientes.

Semejante cambio tendría impactos mínimos en la creación de riqueza y puestos de trabajo. De hecho, como las empresas medianas y pequeñas son mucho más intensivas en mano de obra que los monstruos que hoy controlan la economía mundial, veríamos un ascenso del empleo, la demanda y de un crecimiento socialmente justo.

Los gobiernos no necesitarían negociar reglas comunes para naciones y comunidades terriblemente desiguales en riqueza y capacidad técnica.

Si las decisiones y las medidas quedaran por completo en manos de autoridades nacionales y locales, la red mundial se convertiría en un poderoso mecanismo de solidaridad internacional, transferencia tecnológica y apoyo financiero, coordinando acciones donde sea necesario y divulgando las mejores prácticas.

Necesitamos ir a Río+20 preparados para acordar un manifiesto que recoja estos principios y un plan de acción que se detalla en el siguiente borrador:

Plan de acción

En el marco de los objetivos y valores ya expresados, los activistas presentes en la conferencia Río+20 acuerdan:

1. Red: Los activistas crearán una red electrónica mundial organizada en una estructura de acceso sencillo (local, nacional, regional, mundial) para facilitar la información compartida, el debate interactivo y la acción concertada.

2. Organizar: Los activistas trabajarán con empresarios que estén al frente de compañías pequeñas y medianas a fin de crear organizaciones comunitarias para la acción cooperativa. Estas organizaciones serán las unidades básicas de la red mundial y tendrán dos objetivos principales: proteger el ambiente y acelerar el crecimiento económico en los planos local, subregional y regional.

3. Inspeccionar y controlar: La red compartirá los mejores conocimientos disponibles en las agencias nacionales e internacionales, y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente desempeñará un rol de coordinación. Los activistas iniciarán un relevamiento ambiental mundial alimentado con aportes comunitarios, creando un sistema de control permanente para brindar informes de situación en tiempo real a las autoridades nacionales, regionales y mundiales.

4. Analizar: Con base en la información recolectada, un grupo experto gubernamental que trabajará con la red creará un plan técnico de medidas preventivas y correctivas para todos los problemas ambientales mundiales. El plan se implementará mediante la acción comunitaria, donde sea posible, y los gobiernos y agencias internacionales aportarán capacidad financiera y técnica.

5. Educar y movilizar: Las organizaciones comunitarias y sus redes se abocarán a la tarea de educar y movilizar apoyo popular para la acción ambiental.

Estos pasos deberían crear un aparato mundial capaz de fiscalizar los daños causados por la acción humana y de asumir su remediación. Ese proceso debería reorientar toda la gama de actividades económicas hacia modelos amigables con el ambiente y crear y sostener el apoyo de la opinión pública para una acción permanente.
* Bhaskar Menon tiene cuatro décadas de experiencia en la cobertura de la Organización de las Naciones Unidas y edita http://www.Undiplomatictimes.com.

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Correa: Colombia debe cesar las fumigaciones de glifosato por "principio de precaución"

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, advirtió este lunes al gobierno de Colombia, que no permitirá que continúen los daños medioambientales causados, en la frontera común, por las fumigaciones aéreas con el químico glifosato.
 
Correa aseguró que luchará "para garantizar la salud de los ecuatorianos en la frontera norte".

Las declaraciones del presidente ecuatoriano fueron hechas en Quito, en el acto de presentación del informe redactado por la Comisión Científica ecuatoriana, que estudia el impacto en Ecuador de las fumigaciones en campos de coca que Colombia realiza en su territorio.

El gobierno de Correa, ha denunciado reiteradamente que las fumigaciones aéreas que Colombia realiza en el marco del Plan Colombia, tocan suelo ecuatoriano causando graves daños a personas, animales y plantas, por lo que han solicitado su suspensión. Por su parte, Colombia argumenta que son inocuas
.
El documento titulado, "El sistema de las aspersiones aéreas del Plan Colombia y sus impactos sobre el ecosistema y la salud en la frontera ecuatoriana", ratifica los argumentos de Quito y de la Organización de Naciones Unidas (ONU), mientras que contradice al gobierno de Colombia y a su Comisión Científica.
El presidente ecuatoriano añadió que Colombia debe cesar de forma definitiva sus fumigaciones, en concordancia con el "principio de precaución", que se recoge en los acuerdos internacionales y que prohíbe que un Estado lleve a cabo actividades que se presumen pueden perjudicar a otros Estados.

En el evento, la canciller de Ecuador, María Fernanda Espinosa, advirtió que su país exigirá compensaciones por los daños causados por el glifosato. www.ecoportal.net
Telesur
www.telesurtv.net

sábado, 12 de noviembre de 2011

Las bolsas y envases plásticos enferman y matan

La mayoría de los plásticos contiene sustancias químicas dañinas como BPA (Bisfenol A) y ftalatos, que resultan inseguros para el consumo o uso humano. Consumidores de todo el mundo emplean cada año millones de millones de bolsas plásticas no reutilizables, cuyo promedio de uso es de apenas 12 minutos, pero contaminan las aguas hasta la eternidad, sofocan humedales y enredan, enferman o matan a animales. También afectan a la salud humana.
 

Parecen estar contados los días de las bolsas plásticas que inspiraron esta divertida definición popular cubana del ser humano: espécimen que carga una bolsa plástica en cada extremidad superior. 35 países ya prohibieron el uso de bolsas plásticas, 9 naciones establecieron impuestos por consumirlas, otros 12 países consideran prohibirlas o gravarlas y 26 estados de EEUU introdujeron legislación que regula su empleo. Ésta es la historia noticiosa más ocultada N° 23, según el Proyecto Censurado.

La mayoría de los plásticos contiene sustancias químicas dañinas como BPA (Bisfenol A) y ftalatos, que resultan inseguros para el consumo o uso humano. Consumidores de todo el mundo emplean cada año millones de millones de bolsas plásticas no reutilizables, cuyo promedio de uso es de apenas 12 minutos, pero contaminan las aguas hasta la eternidad, sofocan humedales y enredan, enferman o matan a animales.
También afectan a la salud humana, porque grandes animales devoran pequeñas criaturas recargadas de plástico que se integran, a su manera, a la cadena alimentaria y la especie humana termina consumiendo alimentos basados en animales que han comido ciertas formas de plástico no-biodegradable que se fabrica a partir de un recurso no renovable como es el petróleo. Se estima que sólo para producir los 19 mil millones de bolsas plásticas usadas anualmente en California se requieren 3 millones de barriles de petróleo (477.000.000 litros). En todos los países llegó el momento de legislar sobre sustitutos del plástico.

La contaminación puede ser evitada substituyendo los plásticos por otros materiales alternativos como bolsas reutilizables de paño, botellas de agua de acero inoxidable y otros substitutos de madera, vidrio y metal. “¿Qué pasos tomaría Ud. para reducir el uso del plástico para preservar nuestro ambiente cada vez más crítico?”, preguntó Jim Ries, de la ONG “One More Generation”.

“¿Especies en peligro? Es muy simple: mientras estamos preocupados por ellas, al menos también hagamos algo sobre nuestro ambiente. Todos nuestros esfuerzos para salvar las tortugas de mar o la vida marina, etc., serán perdidos porque sólo las estamos salvando para mantenerlas vivas en nuestra contaminación”, escribió Ries.

Siempre que alguien compra cualquier cosa, termina en una bolsa de plástico, sean verduras, frutas y artículos a granel. “¿Sabía usted que el plástico es el artículo número uno que contamina nuestros océanos, además de las colilla de cigarrillos?”, abrumó Ries. “¿Sabía que simplemente cambiarse a bolsas de papel no será mucho mejor para el ambiente debido a la cantidad de carbono que genera la producción de tales bolsas?” A través del globo se consume un millón de bolsas plásticas por minuto. Cada habitante del planeta usa 150 bolsas al año. Y el número crece.
Abruman los datos y cifras sobre los daños que causa el plástico: emisiones de gases de efecto invernadero, su fabricación lanza toxinas en el aire, al igual que el reciclado. Los añadidos usados en su producción a menudo son tóxicos y pueden entrar en lixiviación en la alimentación. La superficie plástica es químicamente atractiva para algunas de las peores toxinas del ambiente (bifenilos policlorados, o PCBs, y metabolitos de pesticidas). El plástico no es comida para nadie, pero más de 100.000 mamíferos marinos y tortugas, un millón de aves marinas e incontables peces mueren cada año por todo el mundo a causa de los desperdicios plásticos. Etcétera.

Decálogo
 
Lisa Davis, del Tribune News, reprodujo "diez mandamientos" de www.Thesouthern.com para combatir el plástico en el hogar y reducir los peligros domésticos:

1. Almacenamiento de Alimentos. Sustituya el plástico por vidrio, porcelana o acero inoxidable. Sea prudente al utilizar contenedores. Nunca ponga el plástico en el microondas: el calor puede alterar el plástico y lixiviar las sustancias químicas en la comida. No ponga utensilios plásticos en máquinas lavaplatos: calientan demasiado. O por lo menos utilice el estante superior, lejos del elemento de calefacción. Tire el plástico más viejo: tiende a lixiviarse más rápido, así que substitúyalo.

2. Otros artículos de cocina. Para todos los envases, bols y tazas de plásticos hay alternativas de metal o de madera. Reemplace coladores, embudos, tablas de cortar, espátulas y cucharas de plástico, así como placas y cubiertos. Algunas licuadoras y procesadores de alimentos vienen con recipiente de vidrio. En vez de un mantel de vinilo, utilice paño real.

3. Envoltorios y bolsas plásticas. No hay muchas alternativas prácticas. Intente con papel de aluminio. En el microondas cubra las comidas con toallas de papel.

4. Envases de almuerzo. Es difícil, pues no se puede enviar a los niños a la escuela con envases de comida frágiles. Prefiera contenedores de acero inoxidable y bolsas de tela.

5. Botellas de agua. Es posible vivir sin una botella plástica de agua. Ahora hay botellas deportivas inastillables y libres de policarbonatos. Utilice el acero inoxidable o vidrio.

6. Comidas en conserva. Muchas latas de metal usadas para la comida vienen selladas con una resina que contiene el aditivo plástico llamado BPA. En vez de frutas y verduras en conserva, compre fresco o congelado. En vez de arvejitas en conserva, cómprelas secas. Busque tomates en envases de cristal, o intente conservar los propios.

7. Biberones. Utilice biberones de cristal. Si no, busque botellas libres de BPA. También evite preparar a los bebés líquidos en latas, pues el líquido absorbe niveles de BPA.

8. Juguetes plásticos. Muchos juguetes plásticos traen pintura tóxica. Busque productos naturales como madera.

9. Cosméticos y productos de bebé. Los ftalatos son de uso frecuente en productos de baño y belleza como portadores de fragancias. Compre jabones, champúes, lociones y polvos de bebé no aromatizados.


10. Pare de comprar comida chatarra. Éste es el cambio más importante que se puede realizar, según todos los expertos. www.ecoportal.net
 
Ernesto Carmona, periodista y escritor chileno. /Mapocho Press /Notica Nº 23 de Las 25 noticias más censuradas/ Rebelion
 
Fuentes
“Got Plastic??” by Jim Ries, One More Generation, Nov. 29, 2010. http://onemoregeneration.org/...
  • “Plastic Rap: Here Are 10 Ways to Reduce Plastics in Your Home”. Lisa Davis, The Southern.com, McClatchy Tribune News, January 31, 2010. http://thesouthern.com/...
  • “The Retail Bags Report Maps and Related Detailed Lists Page | Division of Waste Management | Florida DEP.” Florida Department of Environmental Protection (DEP).† Web Update: 28 Jan. 2011. http://www.dep.state.fl.us/...
  • Proyecto Censurado: http://www.mediafreedominternational.org/...
  • “Save The Bay – San Francisco Bay’s Leading Champion since 1961. http://www.savesfbay.org/...
  • Student Researcher: Robert Usher, San Francisco State University
  • Faculty Evaluator: Kenn Burrows, San Francisco State University

Científicos confirman los graves impactos de los transgénicos

Expertos españoles y europeos exponen en Madrid los impactos ambientales, sociales, económicos y riesgos para la salud
 
Una importante representación de científicos europeos y españoles ha expuesto este jueves y viernes, en Madrid, sus principales hallazgos sobre los riesgos e impactos de los cultivos y alimentos transgénicos, en el transcurso de las Jornadas Científicas Internacionales sobre Transgénicos "Los transgénicos en el ámbito científico, agrícola, medioambiental y de la salud" (1). Durante estos dos días se han puesto sobre la mesa suficientes evidencias científicas sobre sus impactos ambientales, sociales y económicos y sobre sus riesgos para la salud como para rechazar su introducción en la agricultura y la alimentación.

Las jornadas, que han tenido lugar en la Escuela de Organización Industrial (EOI), y han sido organizadas por Amigos de la Tierra, CECU, COAG, Ecologistas en Acción, Greenpeace y Plataforma Rural, han reunido, entre otros, a científicos como: Giles Eric Serallini, Angelika Hilbeck, Christian Vélot, Mª del Carmen Jaizme-Vega, Julien Milanesi, Rosa Binimelis, Ana Carretero, Antonio Gómez Sal, Jorge Riechmann, Michael Antoniou o Julio César Tello Marquina.

Una de las conclusiones principales a las que han llegado de forma unánime los ponentes es que el cultivo de los transgénicos al aire libre supone un grave peligro para la salud y el medio ambiente, y no tiene nada que ver con el empleo de esta tecnología en laboratorio, en ambientes confinados, como su uso con fines médicos.

Michael Antoniou, experto en genética molecular y médica del King’s College, ha destacado durante su intervención que la tecnología de los transgénicos se basa en conceptos genéticos ya superados por la ciencia, que no están abalados por los últimos hallazgos de la genética. A su vez el catedrático de biología molecular de la Universidad de Caen, Gilles Seralini, ha señalado que los mecanismos de evaluación de riesgo previos a la liberación de un transgénico no están diseñados para proteger ni la salud, ni el medio ambiente.

Por su lado, la doctora en ciencias biológicas, Mª del Carmen Jaizme, ha asegurado que los microorganismos del suelo también son víctimas de los cultivos transgénicos, y por lo tanto la fertilidad de nuestros suelos y nuestra alimentación están en juego.

En otra de las ponencias, Christian Vélot, profesor de genética molecular en la Universidad de París, ha apuntado que casi la totalidad de las plantas transgénicas producen pesticidas en sus células o son cultivadas con enormes dosis de pesticidas. Con la conclusión de que “al comer transgénicos estamos comiendo veneno”.

También se ha recogido la experiencia de agricultores españoles como Jeromo Aguado, Presidente de la Plataforma Rural y Antonio Ruíz, ex-Presidente del Comité Aragonés de Agricultura Ecológica. Además de un interesante debate entre miembros del Parlamento Europeo sobre la Evaluación de riesgos en materia de OMG, así como la propuesta de cambio legislativo de la Comisión Europea.

España es el único país de la UE que cultiva transgénicos a gran escala. Durante las últimas legislaturas, el Gobierno ha ignorado sistemáticamente los argumentos ambientales, sanitarios, económicos y sociales que han llevado a otros países europeos como Francia, Alemania, Suiza o Hungría a prohibir el cultivo del maíz transgénico que se cultiva en España. Los organizadores de esta jornada exigen al próximo gobierno que considere la desastrosa experiencia del cultivo de transgénicos en nuestro país y las evidencias científicas de sus impactos, prohibiendo el cultivo de transgénicos como una de sus primeras medidas. En plena campaña electoral, existen motivos más que suficientes para que los partidos se posicionen en un tema clave para el futuro de nuestra agricultura y alimentación. www.ecoportal.net
 
Ecologistas en Acción
www.ecologistasenaccion.org/
Nota:
(1) Enlace al programa de las jornadas: http://www.eoi.es/portal/...

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Colombia es el cuarto país latinoamericano en proyectos del mercado de dióxido de carbono de la ONU

Según el Observatorio del Comercio de Carbono (Carbon Trade Watch, en inglés) el negocio del dióxido de carbono entre empresas ha provocado agudización de conflictos territoriales, militarización de los espacios civiles, violaciones sistemáticas de los derechos humanos y la criminalización de las voces de protesta. Colombia impulsa ese mercado desde 2002 y hoy en día es el cuarto país de Latinoamérica en número de proyectos registrados ante la ONU y el decimoprimero del mundo, los cuales se están desarrollando en los sectores de energía, forestal, transporte y sus principales beneficiarios son empresas nacionales e internacionales como ISAGEN, ARGOS S.A., CEMEX, Empresas Públicas de Medellín, Cerrejón S.A. o Transmilenio.


ARGOS tiene programas de reforestación con teca en los departamentos de Sucre y Antioquia que han sido aprobados como Mecanismo de Desarrollo Limpio.

Recientemente, el lingüista y activista estadounidense Noam Chomsky afirmaba que para poder seguir justificando intervenciones económicas y militares desde Europa y Estados Unidos se necesitaban durante los años 90 otros pretextos que los de la amenaza comunista. La lucha contra las sustancias ilícitas durante esa década ofreció una buena alternativa justificando decenas de intervenciones militares, políticas y económicas en varios países de América Latina y Asia. A la vez se seguían buscando otros escenarios que legitimaban mantener prácticas de intervención y dominación. Las preocupaciones frente al cambio climático en este sentido parecían una opción que podía contar con un respaldo a nivel mundial y fue así como los años 90 estuvieron enfocados en crear un marco jurídico internacional al respecto.

El texto de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) fue aprobado en la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, el 9 de mayo de 1992. En 1993, la Convención había recibido 166 firmas y entró en vigor el 21 de marzo de 1994. En 1997, la firma del Protocolo de Kyoto fue testigo de cómo 38 países industrializados se comprometían a recortar las emisiones de gases de efecto invernadero para el año 2012 en una media del 5,2% respecto a los niveles de 1990.
 Las críticas desde el mundo ecologista remarcaban que este marco legal no atacaba las causas estructurales del fenómeno del calentamiento global, sino que permitía crear nuevos mercados como el de las emisiones de CO2 (dióxido de carbono). Además, el discurso de ser una empresa CO2 neutral o verde constituía para las grandes corporaciones una excelente estrategia para promocionarse ante sus consumidores. A su vez, legitimaban nuevas intervenciones alrededor del mundo por parte de empresas multinacionales, ejércitos extranjeros y bancos y agencias multilaterales.

Destacan en este sentido documentos como el aprobado por el Estado Mayor del ejército canadiense en 2009 llamado “El contexto de la futura seguridad 2008-2030 en donde referencia el papel del ejército en el contexto del cambio climático: «En todo el mundo tendrán lugar fenómenos meteorológicos cada vez más violentos y cada vez más vinculados al cambio climático que exigirán intervenciones militares, desde misiones de socorro a las víctimas de catástrofes naturales hasta operaciones de estabilización a gran escala».

Comercialización de los gases y Mercado de Desarrollo Limpio

El nivel actual de concentración de dióxido de carbono es el más alto de los últimos 420.000 años y, probablemente, de los últimos 20 millones de años. El CO2 es el gas que más ha contribuido al efecto invernadero y proviene principalmente de la quema de combustibles fósiles, pero también se genera a partir de la producción de cemento y el cambio en el uso de los suelos. La Agencia Internacional de Energía estima que las emisiones en 2010 subieron a un récord histórico de 30,6 gigatoneladas.

La firma del Protocolo de Kyoto en vez de obligar a las empresas a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) abrió la puerta para comercializar este tipo de gases en dos grandes formatos: el sistema de “tope y trueque” (cap and trade) y el sistema de “compensaciones”.

El “tope y trueque” es un mecanismo que permite a gobiernos u organismos intergubernamentales como la Comisión Europea distribuir licencias para contaminar (o “permisos de emisión”) entre las grandes industrias. En lugar de cambiar su comportamiento, la industria contaminante puede después negociar estos permisos con otra que podría realizar cambios “equivalentes” de forma más barata.

El mecanismo de compensaciones no implica la reducción de las emisiones en el origen, si no que las empresas —y, a veces, los organismos financieros internacionales, gobiernos y particulares— financian “proyectos de ahorro de emisiones” fuera del territorio donde se deberían reducir.

El principal programa de este tipo es el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) administrado por las Naciones Unidas. El mercado regulado por las Naciones Unidas es un mercado de Certificados de Emisiones Reducidas (CER) donde los proyectos han de ser aprobados por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC, por sus siglas en inglés, creada a partir del Protocolo de Kyoto). A través de este mecanismo, una empresa energética europea, por ejemplo, puede reducir sus emisiones comprando los bonos generados a partir de un MDL que se esté desarrollando en Colombia.

El mecanismo de la UNFCCC para algunas de las empresas que quieren compensar sus emisiones es demasiado costoso y burocrático por lo que se han creado varios mercados paralelos. Estos mercados de emisiones de carácter voluntario comercializan Emisiones Reducidas Verificadas (VER) y no Certificadas como las de la UNFCCC. La verificación corre por cuenta de organizaciones no gubernamentales que buscan posicionarse como referentes para las empresas que quieren comprar los bonos. Entre los mercados voluntarios existentes se encuentran los mercados de Montreal en Canadá, el de Santiago de Chile y de Tianjin en China, entre otros.

La financiación de los proyectos de MDL y otros proyectos de compensaciones en gran parte corre por parte de instituciones financieras como el Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), como también por parte de las empresas que se dedican al consumo de las fuentes energéticas fósiles —y por ende las que más CO2 producen— como son las mineras, petroleras o energéticas, entre otras. British Petroleum, Chevron o Xstrata, por mencionar algunas, son empresas involucradas en este negocio que tienen proyectos de MDL o financian a través de terceros estos proyectos.

Los proyectos de compensaciones hasta la fecha han permitido la financiación, implementación y legitimación de megaproyectos económicos desarrollados por empresas minero-energéticas y organismos multilaterales de financiación en países del sur. La necesidad de grandes extensiones de tierras para algunos de estos megaproyectos ha llevado, entre otras, según el Observatorio del Comercio de Carbono (Carbon Trade Watch, en inglés) a la agudización de conflictos territoriales, la militarización de los espacios civiles, violaciones sistemáticas de los derechos humanos y la criminalización de las voces de protesta.

Política en Colombia frente al mercado de carbono

El gobierno de Álvaro Uribe (2002-2010) impulsó los mercados de carbono en Colombia creando un marco legislativo desde 2002 y promocionando entre las empresas minero-energéticas el gran potencial que podía tener Colombia en este aspecto. La Ley 788 del 27 de diciembre de 2002 daba unos incentivos tributarios en proyectos de reducción de emisiones de carbono a través de sus artículos 18 y 95 promoviendo la participación en este mercado de las empresas de reforestación y las hidroeléctricas.
El 25 de agosto de 2003 el Departamento Nacional de Planeación y el Ministerio del Medio Ambiente publicaron el documento CONPES 3242 —“Estrategia institucional para la venta de servicios ambientales de mitigación del cambio climático”— que «busca promover la incursión competitiva de Colombia en el mercado internacional de reducciones verificadas de emisiones de gases de efecto invernadero»..Se designó como autoridad nacional frente a la UNFCCC al Ministerio del Medio Ambiente que aprobó el primer proyecto de MDL en 2006.

Las ganancias que generaron los proyectos de Mecanismos de Desarrollo Limpio para el año 2010 en Colombia eran de alrededor de 140 millones de dólares, cubriendo muchas veces los costos de producción o implementación del proyecto. Los megaproyectos presentados como Mecanismos de Desarrollo Limpio se están desarrollando en los sectores de energía, forestal, transporte y sus principales beneficiarios son empresas nacionales e internacionales, entre las que se encuentran ISAGEN, ARGOS S.A., CEMEX, Empresas Públicas de Medellín, Cerrejón S.A. y Transmilenio.

Por ejemplo, la empresa ARGOS S.A. ha implementado un proyecto de reforestación en los Montes de María donde fueron sembradas casi 3.000 hectáreas con teca en una zona en la que organizaciones de derechos humanos denuncian que alrededor de 120.000 campesinos y campesinas dejaron sus fincas como resultado de la violencia ejercida por estructuras paramilitares y la Fuerza Pública. Los costos para implementar este proyecto fueron cubiertos por los ingresos que presentaba el proyecto como MDL. Por un periodo de 25 años ARGOSy la empresa que ayudó en la elaboración del proyecto, MGM, estarán recibiendo 500.000 dolares al año por la supuesta captura de CO2 que representa este proyecto.
Colombia es hoy en día el cuarto país de Latinoamérica en número de proyectos MDL registrados ante la ONU y el número 11 del mundo. Los países que más han impulsado este nuevo mercado han sido Brasil, Corea del Sur, India y China que como potencias económicas emergentes encontraron en los MDL una fácil financiación de sus megaproyectos energéticos. A finales de 2010 el número de proyectos de Mecanismo de Desarrollo Limpio aprobados por el Ministerio del Medio Ambiente era de casi 180. El gobierno colombiano en el Plan Nacional de Desarrollo se propone que para 2014 este número haya llegado por lo menos hasta 300. Los proyectos luego de que hayan sido aprobados por el Ministerio de Medio Ambiente se presentan ante las Naciones Unidas, que tiene un proceso más extensivo de aprobación. Los proyectos de MDL registrados ante las Naciones Unidas son en este momento 34.

Mercado voluntario en Colombia

La necesidad de implementar un mercado de carbono con más velocidad y extenderlo a más sectores llevó a que desde el año 2010 el Ministerio de Medio Ambiente empezara a explorar las posibilidades para crear un mercado voluntario de carbono en conjunto con el Banco Interamericano de Desarrollo, la Fundación Natura y el Consejo Empresarial Colombiano para el Desarrollo Sostenible (CECODES).

n en CECODES —entre ellas se encuentran Bavaria, AngloGoldAshanti, Cerrejón S.A., ARGOS S.A., HOLCIM, ISAGEN, Fedepalma o Smurif Kappa— y este mercado permite a esas grandes forestales, mineras y energéticas poder tener acceso a beneficios económicos y presentarse hacia sus consumidores como una empresa verde sin tener que depender de la aprobación de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC).

Para ello fueron creadas decenas empresas y organizaciones que se dedican a realizar numerosos cálculos sobre la huella de carbono de cada empresa y el impacto de mitigación que tienen sus proyectos de compensación. En Colombia, la Fundación Natura, fundada en 1984, es una de las principales organizaciones conservacionistas que han sido acusadas de ser instrumentalizadas por el sector extractivista para poder legitimar e implementar un mercado voluntario de carbono a través de proyectos forestales que han de generar Verificados de Emisiones Reducidas tanto para el mercado nacional como para el mercado internacional. Otras empresas como Terra Commodities y la empresa Ecoeficiencias —cuyo gerente general es Tomás Uribe, hijo del ex presidente— se han dedicado al desarrollo de proyectos o a la verificación y medición de emisiones y mitigaciones de CO2 para empresas del sector privado que ven las posibilidades económicas del mercado de carbono.

Una de las apuestas de CECODES, el Banco Interamericano para el Desarrollo (BID) y el Ministerio de Medio Ambiente es REDD (Reducción de Emisiones de la Deforestación y de la Degradación Forestal), una propuesta que por primera vez fue mencionada en 2005 en el marco de la XI Cumbre sobre cambio climático de las Naciones Unidas, realizada en Montreal (Canadá), que busca frenar la deforestación, poniéndole un precio monetario a los bosques naturales existentes en el mundo. En Colombia la versión actualizada de la propuesta, llamada REDD+, implicaría la comercialización de las reservas forestales y la vinculación de proyectos de lucha contra los cultivos de uso ilícito como el de familias guardabosques y proyectos productivos al mercado de emisiones de CO2. Según el Plan Nacional de Desarrollo, en materia de erradicación manual voluntaria, se continuará con «los programas de proyectos productivos y familias guardabosques, señalando la importancia y potencial que tienen los ecosistemas estratégicos donde existe la problemática de los cultivos ilícitos para la implementación de esquemas REDD y MDL para mitigar el cambio climático».

A pesar de que el mecanismo de REDD+ todavía no ha sido aprobado en la UNFCCC por las críticas desde comunidades indígenas y organizaciones ambientalistas que argumentan que no se pueden mercantilizar las reservas naturales de esta manera, el Ministerio de Medio Ambiente, el BID y el CECODES han implementado varios proyectos REDD, en espera de la futura aprobación de esta propuesta en el marco de las Naciones Unidas. La Fundación Natura a través de talleres y publicaciones cumple el papel de legitimar dichos proyectos ante las comunidades y los consumidores y dinamizar su implementación. La apuesta no tiene pérdidas, ya que en el caso que REDD+ no pase en el marco de UNFCCC, los proyectos siempre se podrán presentar en el Mercado Voluntario.

El mercado de carbono en Colombia, tanto a través de los proyectos de Mecanismos de Desarrollo Limpio como REDD+, y los proyectos en el mercado voluntario son mecanismos acusados de usarse para legalizar la usurpación ilegal de tierras productivas, ya que la mayor parte de los proyectos que se implementan en el marco de MDL necesitan grandes extensiones de tierra, muchas veces en zonas que han sido escenario de desplazamiento forzado.
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CASOS TIPO

Caso ARGOS: plantaciones de teca en los Montes de María (Sucre)


La empresa cementera ARGOS S.A. perteneciente al Sindicato Antioqueño—grupo económico que agrupa a las principales empresas antioqueñas— es una de las cinco empresas colombianas más valoradas en el año 2010. ARGOS tiene un proyecto MDL en San Onofre (Sucre) de una plantación de teca y otro que ha sido aprobado por la Fundación Natura y que entra al mercado voluntario de carbono. Entre los dos proyectos, ARGOS pretende sembrar más de 12.000 hectáreas en los Montes de María de este árbol apreciado por su madera que sería comercializada en los mercados internacionales. Según pobladores de la zona que viven cerca de las 4.000 hectáreas que calculan que ya han sido sembradas, la llegada de la empresa ha estado acompañada de gente de Antioquía y Urabá, entre las que se encuentran reinsertados de estructuras paramilitares a quienes se les ha visto ir camuflados y con armas largas AK-47 patrullando en medio de las plantaciones, identificándose como “los protectores de la teca”. Según estos testimonios parece haber una relación directa entre las plantaciones de teca y las estructuras paramilitares que operan en la región, ya que las personas armadas no tienen una identificación visible y usan armas de guerra y prendas militares a pesar de que no pertenecen a la Fuerza Pública.

Caso ISAGEN: hidroeléctrica sobre el Rio Amoyá (Tolima) 

La empresa energética ha construido una pequeña hidroeléctrica sobre el río Amoya en el sur de Tolima que funciona haciendo pasar el caudal del río por turbinas. El proyecto ha sido aprobado como Mecanismo de Desarrollo Limpio en enero de 2011. Según la empresa, la comunidad se estaría beneficiando de diferentes programas sociales desarrollados por ISAGEN que incluyen acceso a la educación y mejoras en la salud y la infraestructura.

El presidente de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Tolima (ASTRACATOL), Jailer González, en entrevista en junio de 2011 relataba: «En los municipios Chaparral, Río Blanco y Ataco van a construir siete hidroeléctricas que son beneficiadas por los inversionistas nacionales e internacionales. (…) El problema más grande que tenemos los campesinos en el sur de Tolima es que el Estado nos mira como si fuéramos terroristas; los inversionistas nos ven como bichos raro, como maligna para sus megaproyectos. Lo más fácil es con la misma Fuerza Pública confrontar al campesinado y desplazarlo, asesinarlo y amenazarlo diciéndole: “no puede denunciar lo que estamos haciendo porque detrás de nosotros vienen paramilitares o vienen los que les van a asesinar; aténgase a las consecuencias”».

ASTRACATOL ha denunciado amenazas y riesgo para la integridad de Jailer González. Además, el 30 de marzo de 2011 fueron asesinados dos integrantes de la misma asociación en el municipio de Chaparral donde se está desarrollando la hidroeléctrica sobre el río Amoya. La organización campesina se ha opuesto a la construcción de las hidroeléctricas y aboga por una política agraria de la que se pueda beneficiar el pequeño campesinado.

Caso EMGESA: represa El Quimbo

La represa sobre el río Magdalena desarrollada por EMGESA ha sido polémica desde sus inicios. Las comunidades en esta parte del Huila se han organizado alrededor de la organización ASOQUIMBO y argumentan que las afectaciones sociales y ambientales de la represa sobre su territorio serán irreversibles. ASOQUIMBO propone crear una Zona de Reserva Campesina en la zona afectada por el proyecto El Quimbo para asegurar que su territorio a corto y largo plazo sea protegido frente a este tipo de megaproyectos. El Quimbo ha sido aprobado por el Ministerio del Medio Ambiente como MDL y espera su aprobación por la UNFCCC. La directora del Programa Climático de International Rivers, organización ambientalista internacional, al comentar la documentación presentada por EMGESA ante la Asociación Española de Normalización y Certificación (AENOR) solicitando la aprobación como MDL ante la UNFCCC, exigió que no se otorgue el registro debido a sus impactos negativos sociales y ambientales: «Si hay un riesgo grande de este tipo de catástrofes naturales, entonces no es prudente construir una represa en la región y ninguna cantidad de dinero de la venta de créditos de carbono puede disminuir este riesgo y proteger un proyecto de tales calamidades. Una decisión inteligente es no construir en las regiones propensas sísmicamente».

Caso ISAGEN: represa Hidrosogamoso

La represa sobre el río Sogamoso en el departamento de Santander ha generado fuertes protestas de las comunidades afectadas. A pesar de que ISAGEN pidió al Medio Ambiente que el proyecto fuera aprobado como MDL, el 19 de mayo de 2011 el Ministerio a través del oficio 2000-232169 negó dicha solicitud. El Ministerio sustentó su negativa en el hecho de que ISAGEN no posee la totalidad de licencias y permisos legales que este proyecto requiere, como tampoco cuenta con los permisos necesarios de explotación de recursos naturales renovables. Las comunidades cercanas al río Sogamoso han denunciado en reiteradas oportunidades que el proyecto desarrollado por ISAGEN ha afectado los afluentes del río causando la muerte de peces, tortugas y otras especies que habitan en el ecosistema. Una de las personas implicadas en el proceso de resistencia contra la represa, Honorio Llorente, fue asesinado en octubre de 2009. A pesar de que el proyecto no cuenta con todas las licencias y no ha sido aprobado por la UNFCCC como MDL, el proyecto sobre el río Sogamoso se sigue construyendo.

http://notiagen.wordpress.com/2011/11/05/colombia-es-el-cuarto-pais-latinoamericano-en-proyectos-del-mercado-de-dioxido-de-carbono-de-la-onu/ 

Alimentos y cambio climático: el eslabón olvidado

El sistema agroalimentario mundial es una de las causas importantes del calentamiento global. Un nuevo sistema alimentario podría ser un promotor clave de soluciones al cambio climático. Si se toman medidas para reestructurar la agricultura y el sistema alimentario mundial en torno a la soberanía alimentaria, a la agricultura en pequeña escala, a la agroecología y los mercados locales, podríamos cortar a la mitad las emisiones globales de gases con efecto de invernadero en unas cuantas décadas. 
 

Los alimentos son un promotor clave del cambio climático. El proceso industrial entre que se producen los alimentos hasta que terminan servidos en nuestra mesa provoca cerca de la mitad de las emisiones de gas con efecto de invernadero generados por los humanos. Los fertilizantes químicos, la maquinaria pesada y otras tecnologías agrícolas dependientes del petróleo contribuyen significativamente. El impacto de la industria alimentaria como un todo es incluso mayor: se destruyen bosques y sabanas para producir forrajes animales y se generan deshechos que dañan el clima por el exceso de empaques, procesado, refrigeración y transporte de los alimentos a grandes distancias, a pesar de que millones de personas continúan con hambre.
Un nuevo sistema alimentario podría ser un promotor clave de soluciones al cambio climático. La gente por todo el mundo toma parte en luchas por defender o crear nuevas formas de cultivar o compartir alimentos que sean mucho más sanos para sus comunidades y para el planeta. Si se toman medidas para reestructurar la agricultura y el sistema alimentario mundial en torno a la soberanía alimentaria, a la agricultura en pequeña escala, a la agroecología y los mercados locales, podríamos cortar a la mitad las emisiones globales de gases con efecto de invernadero en unas cuantas décadas. No necesitamos mercados de carbono ni remiendos tecnológicos. Requerimos políticas acertadas y programas que erradiquen el actual sistema alimentario industrial creando en cambio uno que sea sustentable, equitativo y verdaderamente productivo.

Los alimentos y el clima: cómo armar el rompecabezas.
 
La mayoría de los estudios sitúan la contribución de las emisiones agrícolas —las emisiones producidas en los campos de cultivo— en algún punto entre el 11 y el 15% de las emisiones globales (1). Sin embargo, lo que no es común que se diga es que la mayor parte de estas emisiones son generadas por las prácticas de cultivo industrial que se basan en fertilizantes químicos (con nitrógeno), maquinaria pesada que funciona con gasolina, y en operaciones industriales de crianza animal altamente concentradas que bombean a la atmósfera deshechos de metano.

Tampoco es frecuente que las cifras de la contribución de la agricultura tomen en cuenta los cambios en el uso del suelo y la deforestación, que son responsables de una quinta parte de las emisiones de gases con efecto de invernadero (2).

A nivel mundial, la agricultura invade las sabanas, los humedales, los cerrados y los bosques, destruyendo, al arar, el suelo de enormes superficies. La expansión de la frontera agrícola es el contribuyente dominante de la deforestación, y da cuenta de entre el 70 y el 90% de la deforestación global (3). Esto significa que unos 15-18% de las emisiones globales de gases con efecto de invernadero son producidas por el cambio en el uso del suelo y la deforestación ocasionada por la agricultura. Pero aquí, de nuevo, el sistema alimentario global y su modelo de agricultura industrial son los principales culpables. El mayor promotor de esta deforestación es la expansión de las plantaciones industriales para la producción de mercancías como la soya, la caña de azúcar, la palma aceitera, el maíz industrial, y la colza o canola, así como las plantaciones de árboles para celulosa. Desde 1990, el área plantada con las primeras cinco mercancías creció en 38% (4), pese a que la tierra plantada con alimentos básicos como el arroz o el trigo decreció.

Las emisiones procedentes de la agricultura dan cuenta únicamente de una porción de la contribución general del sistema alimentario al cambio climático. Es igual de importante lo que ocurre entre el momento en que los alimentos abandonan las fincas y el momento en que llegan a nuestra mesa.

La comida es el sector económico más grande del mundo, y con mucho implica más transacciones y emplea más personas que cualquier otro sector. En nuestros tiempos, los alimentos se preparan y distribuyen utilizando enormes montos de procesamiento, empacado y transportación, todos los cuales generan emisiones de gases con efecto de invernadero, aunque sea difícil hallar datos de tales emisiones. Los estudios que indagan en la Unión Europea concluyen que cerca de un cuarto de la transportación total tiene que ver con el transporte comercial de alimentos (5). Las cifras dispersas sobre transportación, disponibles en otros países, tales como Kenya y Zimbabwe, indican que el porcentaje es todavía mayor en los países “no industrializados”, donde la “producción de alimentos y su entrega dan cuenta de entre 60 y 80% de la energía total utilizada —incluida la humana, la animal y el combustible” (6). Si el transporte da cuenta de 25% de las emisiones globales de gases con efecto de invernadero, podemos utilizar los datos de la UE para calcular, conservadoramente, que el transporte de alimentos da cuenta de por lo menos 6% de las emisiones globales de GEI.

En cuanto al procesamiento y el empacado, de nuevo los datos disponibles provienen principalmente de la Unión Europea, donde los estudios muestran que el procesamiento y empacado de alimentos dan cuenta de entre 10 y 11% de las emisiones de GEI (7), mientras la refrigeración de la comida es responsable de 3-4% (8) del total de emisiones, y la venta al menudeo de alimentos otro 2% (9). Siendo conservadores con las cifras de la UE y extrapolando de las escasas cifras que existen para otros países, podemos calcular que por lo menos 5-6% de las emisiones se deben al transporte de alimentos, 8-10% se deben al procesamiento de los alimentos y el empacado de los mismos, cerca de 1-2% se deben a la refrigeración y 1-2% a la venta al menudeo. Esto nos arroja una contribución total de entre 15 y 20% de emisiones globales de GEI procedentes del conjunto de estas actividades.

No todo lo que produce el sistema alimentario se consume. El sistema agroalimentario industrial descarta cerca de la mitad de toda la comida que produce, en su viaje de los establecimientos agrícolas a los comerciantes, a los procesadores de comida, a las tiendas y supermercados. Esto es suficiente para alimentar a los hambrientos del mundo seis veces (10). Gran parte de este desperdicio se pudre en los tiraderos de basura y en los rellenos sanitarios, produciendo cantidades importantes de gases con efecto de invernadero. Diferentes estudios indican que entre unos 3.5 y 4.5% de las emisiones globales de GEI provienen de los desechos, y más de 90% de ellos proceden de materia originada en la agricultura y procesamiento (11). Esto significa que la descomposición de los desechos orgánicos originados en los alimentos y la agricultura es responsable de 3-4% de las emisiones globales de GEI.

Sumen las cifras arriba citadas, despejen la evidencia y hay ahí un convincente caso: el sistema agroalimentario global actual, impulsado por una poderosa industria alimentaria transnacional, es responsable de cerca de la mitad de todas las emisiones de gases con efecto de invernadero producidas por humanos: una cifra entre un mínimo de 44% y un máximo de 57%. La gráfica siguiente ilustra esta conclusión.

 
Cómo darle la vuelta al sistema alimentario.
 
Es claro que no saldremos de la crisis climática si no transformamos dramática y urgentemente el sistema alimentario global. Y el lugar donde podemos empezar es el suelo.

Los alimentos comienzan y terminan en el suelo. Surgen del suelo y eventualmente regresan a éste para permitir que se produzcan más alimentos. Es éste el verdadero ciclo de la vida. Pero en años recientes los humanos han ignorado este ciclo vital. Le hemos estado quitando al suelo sin devolverle.

La industrialización de la agricultura que comenzó en Europa y Norteamérica, que replicó después la Revolución Verde en otras partes del mundo, se basó en la suposición de que la fertilidad del suelo podía mantenerse e incrementarse mediante el uso de fertilizantes químicos. Poca atención se le prestó a la importancia de la materia orgánica en el suelo.

Un amplio rango de informes científicos indican que los suelos cultivados han perdido entre 30 y 75% de su materia orgánica durante el siglo 20, mientras que los suelos que sustentan pastizales y praderas han perdido típicamente hasta 50%. Es indudable que estas pérdidas han provocado un serio deterioro de la fertilidad y productividad de los suelos, y han contribuido a empeorar las sequías y las inundaciones.

Si tomamos como base las cifras más conservadoras que proporciona la literatura científica, la pérdida global acumulada de materia orgánica del suelo durante el último siglo puede calcularse entre 150 mil millones y 200 mil millones de toneladas (12). No toda esta materia orgánica terminó en el aire como CO2, ya que cantidades significativas han sido arrastradas por la erosión para ser depositadas en el fondo de ríos y océanos. Sin embargo, puede calcularse que por lo menos se han liberado a la atmósfera entre 200 mil y 300 mil millones toneladas de CO2 debido a la destrucción global de materia orgánica del suelo. En otras palabras, entre 25 y 40% del actual exceso de CO2 en la atmósfera proviene de la destrucción de los suelos y su materia orgánica.

Hay buenas noticias escondidas en estas devastadoras cifras. El CO2 que fue enviado a la atmósfera al maltratar y desgastar los suelos del mundo puede volverse a poner en el suelo. Lo que se requiere es un cambio en las prácticas agrícolas. Debemos alejarnos de prácticas que destruyen la materia orgánica y acercarnos a las prácticas que acumulan materia orgánica en el suelo.

Sabemos que esto puede hacerse. Los campesinos de todo el mundo han abrazado estas prácticas por generaciones. Las investigaciones de GRAIN han mostrado que, si se pusieran en funcionamiento las políticas correctas, los incentivos correctos, a nivel mundial, podrían restaurarse los contenidos de materia orgánica del suelo a los niveles que tenían antes de la agricultura industrial en el lapso de unos 50 años, que es a grandes rasgos el mismo tiempo que le llevó a la agricultura industrial mermarlos (13). El uso continuado de estas prácticas permitiría eliminar de 24 a 30% de las emisiones globales actuales de GEI al año.(14)
El nuevo escenario requeriría un cambio radical de enfoque, apartándonos del actual modelo de agricultura industrial. Tendría que ponerse énfasis en el uso de técnicas tales como los sistemas de diversificación de cultivos, mejor integración entre la producción de cultivos y la producción animal, mayor incorporación de árboles y de vegetación silvestre, y más. Tal incremento en diversidad podría, entonces, incrementar la producción potencial, y la incorporación de materia orgánica mejoraría progresivamente la fertilidad de los suelos, creando círculos virtuosos de mayor productividad y mayor disponibilidad de materia orgánica. La capacidad del suelo para retener agua aumentaría, lo que significa que la lluvia excesiva conduciría a menores y menos intensas inundaciones y sequías. La erosión del suelo sería cada vez menos un problema. La acidez y la alcalinidad del suelo se reducirían, amainando o eliminando la toxicidad que se ha vuelto un problema importante en los suelos tropicales y áridos. Además, una mayor actividad biológica del suelo protegería las plantas contra las plagas y las enfermedades. Cada uno de estos efectos implica mayor productividad y como tal más materia orgánica disponible en los suelos, lo que haría posible, conforme pasaran los años, objetivos más altos en cuanto a una incorporación de materia orgánica al suelo. En el proceso, se produciría más comida.

Para lograrlo, es necesario trabajar a partir de las habilidades y la experiencia acumulada de los campesinos en pequeña escala del mundo, en lugar de socavar su vida, acaparar sus tierras y expulsarlos de sus territorios, como ahora se hace.

Un viraje global hacia una agricultura que acumula materia orgánica en el suelo nos pondría también en el camino de cortar algunas de las principales fuentes de GEI que provienen del sistema alimentario.
Hay otros tres virajes que se refuerzan mutuamente y que es necesario que ocurran en el sistema alimentario para que podamos enfrentar su actual contribución global al cambio climático: el primero es un viraje hacia los mercados locales, hacia circuitos más cortos en la distribución de los alimentos, lo que nos permitiría reducir el transporte y la necesidad de empaque, procesado y refrigeración. El segundo viraje es una reintegración del cultivo y la producción animal, que reduciría el transporte, el uso de fertilizantes químicos y la producción de emisiones de metano y óxido nitroso generados por los grandes planteles industriales de carne y lácteos. El tercero es frenar el desmonte y la deforestación, lo que requeriría una reforma agraria genuina y revertir la expansión de las plantaciones de monocultivo para la producción de agrocombustibles y forrajes.

Si el mundo asumiera seriamente estos cuatro virajes y los pusiera en acción, sería posible reducir a la mitad las emisiones de GEI globales en unas cuantas décadas y, en el proceso, emprender el largo camino hacia la resolución de las otras crisis que afectan el planeta, como la pobreza y el hambre. No hay obstáculo técnicos que nos lo impidan —en manos del campesinado del mundo están los saberes, la experiencia y las habilidades necesarias, y de ahí podemos partir. Los únicos obstáculos son políticos y es ahí donde debemos enfocar nuestros esfuerzos.

www.ecoportal.net
GRAIN | 01 noviembre 2011 | Biodiversidad - http://www.grain.org
 
Para profundizar:
Referencias:
(1) El IPCC dice 10-12%, la OCDE dice 14% y el WRI dice 14.9%. Ver: IPCC, Climate Change 2007: Mitigation of Climate Change. Chapter 8: Agriculture, http://tinyurl.com/ms4mzb - Wilfrid Legg and Hsin Huang. OECD Trade and Agriculture Directorate, Climate change and agriculture, http://tinyurl.com/5u2hf8k
(2) Ver WRI, World GHG Emissions Flow Chart, http://tinyurl.com/2fmebe y IPCC, 2004. Climate Change 2001: Working Group I: 3.4.2 Consequences of Land use Change. http://tinyurl.com/6duxqy
(3) Ver FAO Advisory Committee on Paper and Wood Products – Sesión 49 – Bakubung, Sudáfrica, 10 de junio, 2008; y M. Kanninen et al., “Do trees grow on Money? Forest Perspective 4, CIFOR, Jakarta, 2007.
(4) GRAIN, “Global Agribusiness: two decades of plunder”, Seedling, julio, 2010.
(5) Eurostat. From farm to fork - a statistical journey along the EU’s food chain - Issue number 27/2011 http://tinyurl.com/656tchm and http://tinyurl.com/6k9jsc3
(6) FAO. Stephen Karekezi and Michael Lazarus, Future energy requirements for Africa’s agriculture. Capítulos 2, 3 y 4. http://tinyurl.com/3n47gyy
(7) Para la UE, ver Viktoria Bolla, Velina Pendolovska, Driving forces behind EU-27 greenhouse gas emissions over the decade 1999-2008. Statistics in focus 10/2011. http://tinyurl.com/6bhesog
(8) Tara Garnett y Tim Jackson, Food Climate Research Network, Centre for Environmental Strategy, University of Surrey “Frost Bitten: an exploration of refrigeration dependence in the UK food chain and its implications for climate policy”, http://tinyurl.com/3h2rqln
(9) S.A. Tassou, Y. Ge, A. Hadawey, D. Marriott. “Energy consumption and conservation in food retailing”. Applied Thermal Engineering 31 (2011) 147-156 y Kumar Venkat. CleanMetrics Corp. The Climate Change Impact of US Food Waste,CleanMetrics Technical Brief. http://tinyurl.com/3rcevo8 y Ioannis Bakas, Copenhagen Resource Institute (CRI). Food and Greenhouse Gas (GHG) Emissions. http://tinyurl.com/426s9as
(10) Tristram Stuart, Waste: Uncovering the Global Food Scandal, Penguin, 2009, http://tinyurl.com/m3dxc9
(11) Jean Bogner, et. al. Mitigation of global greenhouse gas emissions from waste: conclusions and strategies from the IPCC. Fourth Assessment Report. Working Group III (Mitigation) http://tinyurl.com/3cu9pmz
(12) Las cifras utilizadas para el cálculo fueron: a) una pérdida promedio of 4.5-6 kg de materia orgánica del suelo por metro cuadrado de tierra arable (MOS/m2) y 2-3 kg de MOS/m2 de tierra agrícola bajo praderas y sin cultivar; b) un promedio de profundidad de suelo de 30 cm, con un promedio de densidad de suelo de 1 gr./cm3; c) 5 mil millones de hectáreas de tierra agrícola a nivel mundial; mil 800 millones de tierra arable según datos publicados por FAO; d) una proporción de 1.46 kg of CO2 por cada kilo de MOS destruida.
(13) Ver GRAIN, “Cuidar el suelo”, Biodiversidad, sustento y culturas, número 62, octubre de 2009, http://tinyurl.com/3rclbcy
(14) La conclusión se basa en la suposición de que la incorporación de materia orgánica llegaría a una tasa promedio anual global de entre 3.5 y 5 toneladas por hectárea de tierra agrícola. Para cálculos más detallados ver GRAIN, “Cuidar el suelo”, op.cit., tabla 2.

martes, 8 de noviembre de 2011

Huertos urbanos y la crisis alimentaria global

Mientras los campesinos por todo el mundo sufren los efectos de esta ofensiva corporativa contra la agricultura tradicional, son los pobres urbanos quienes sufren los más agudos riesgos de desnutrición en esta crisis alimentaria. Su alimentación y nutrición es completamente dependiente de la industria alimentaria mientras sus sueldos no suben al ritmo suficiente como para evadir el hambre. Es claro que necesitamos soluciones alternativas. Grupos comunitarios en incontables ciudades han comenzado huertos urbanos en los barrios pobres y ofrecen una alternativa nutricional para quienes sobreviven comiendo postres callejeros y comida chatarra.
 

São Paulo, Brasil. Por todo el mundo, suben los precios de los alimentos básicos. La FAO admite abiertamente una “crisis alimentaria global”. Hay fuertes evidencias de que los precios de los alimentos son uno de los factores críticos de desasosiego político por todo el mundo. Son variadas las causas de esta crisis, e incluyen el extremo y errático clima y los altos precios de petróleo. Sin embargo, como en épocas previas de hambre y hambruna, la crisis alimentaria no es tan sólo el resultado de fenómenos naturales, sino que la agrava la avidez de lucrar con la miseria humana mediante la manipulación de los mercados. Hoy, los campesinos tienen la capacidad de alimentar el mundo, pero para quienes controlan los criaderos industriales, los mercados de exportaciones y las cadenas de supermercados, es más conveniente forzar la subida de los precios aún más. El aumento en las ganancias provocado por el cambio climático está resultando demasiado tentador para las empresas.

Mientras los campesinos por todo el mundo sufren los efectos de esta ofensiva corporativa contra la agricultura tradicional, son los pobres urbanos quienes sufren los más agudos riesgos de desnutrición en esta crisis alimentaria. Su alimentación y nutrición es completamente dependiente de la industria alimentaria mientras sus sueldos no suben al ritmo suficiente como para evadir el hambre.

Es claro que necesitamos soluciones alternativas. Para aquéllos que enfrentan inminente desnutrición al tiempo que ven cómo trepan los precios semana a semana, no es ya simplemente la opción de esperar callados a que el gobierno o el desarrollo dirigido por el capitalismo llegue a las barriadas. Por todo el continente americano, de Buenos Aires a Detroit, muchas comunidades han reaccionado proactivas a esta crisis. Grupos comunitarios en incontables ciudades han comenzado huertos urbanos en los barrios pobres y ofrecen una alternativa nutricional para quienes sobreviven comiendo postres callejeros y comida chatarra. Además, hacen posible el desarrollo de economías locales para comercializar sus productos. Por desgracia, la única otra economía local para algunos de estos barrios, como la Favela Sabopemba de São Paulo, es el tráfico de drogas. Puesto en esta luz, los huertos y los mercados no son sólo una fuente de nutrición e ingresos, sino que pueden estimular una mentalidad alternativa que resista la deshumanización del narcotráfico y la fatalista dependencia hacia el desarrollo capitalista.

Los cultivos de hortalizas urbanas han sido adoptados por las comunidades como respuesta a la inflación de los precios en los alimentos, pero el primer impulso hacia la agricultura urbana en masa fue una respuesta de Cuba a las carencias de alimentos debidas al “Periodo Especial” a principios de los noventa. Con la caída del socialismo en Europa del Este, Cuba se quedó sin las importaciones subsidiadas de petróleo, sin plaguicidas y fertilizantes. De la noche a la mañana, las otrora prósperas agroindustrias cubanas cerraron. La isla no tuvo otra opción que utilizar todo su espacio disponible para plantar hortalizas y alimentar a su población. En pocos años, Cuba estaba produciendo en sus huertos orgánicos tanto como con su sistema agrícola industrializado de los años ochenta. La única diferencia fue que ahora los cubanos comían alimentos mucho más saludables gracias a los vegetales frescos. Además, esta transformación puso los medios de producción en manos de las comunidades, y no en manos de las burocracias estatales. Para mediados de los noventa, sesenta por ciento de todos los productos frescos consumidos en la Habana se plantaban dentro de los límites de la ciudad.

Desde entonces, florecen por todo el continente los huertos urbanos, pero no porque haya carencias de alimentos, sino por el aumento en la disfuncionalidad de los mercados alimentarios.
Popularizado por el documental The Garden, de 2008, el huerto de South-Central Los Angeles era el huerto urbano de vegetales más grande de Estados Unidos y producía comida para miles de residentes del centro de la ciudad. Promovido por la comunidad y las ONG locales, el huerto resistió las presiones del gobierno de la ciudad y del terrateniente ausente de un predio abandonado. A final de cuentas el huerto fue arrasado con trascavos. La destrucción del huerto parecía ser un acto de enojo del terrateniente, pero tal vez la idea de que los chicanos del centro de la ciudad resistieran a la industria agroalimentaria corporativa era algo demasiado amenazante como para dejarlo pasar.

Este trágico ejemplo de machismo corporativo no debe desalentar a los pobres urbanos que buscan asumir el control de su seguridad alimentaria. En muchos otros países, los gobiernos comienzan a reconocer los beneficios de los cultivos urbanos a nivel popular y promueven estos proyectos. Los gobiernos argentino y ecuatoriano han sancionado proyectos así en Buenos Aires y Quito, e incluso han comenzado algunos proyectos comunitarios en la ciudad de México y Detroit, por nombrar sólo un par. En São Paulo, la organización comunitaria Cidades Sem Fome (Ciudades sin Hambre), ha desarrollado un proyecto de cultivo urbano que utiliza el espacio desperdiciado o no utilizado, dentro o cerca de las barriadas, con el fin de emprender una producción orgánica de vegetales. En la mayoría de los casos CSF ha persuadido a los dueños de los predios que un predio comunal sembrado con vegetales, implica menos responsabilidad legal que dejar el espacio vacío, que expone la tierra a ser utilizada como basurero o que abre la posibilidad de que crezcan viviendas precarias en el predio. Con este modelo de pedir prestada la tierra, CSF ha desarrollado una cooperativa de cultivo orgánico de más de veinte huertos desperdigados por una de las ciudades más grandes del mundo.

Los logros de los huertos urbanos son inmediatos y obvios para aquéllos que de otra manera no tendrían ningún acceso a frutos y vegetales y frescos, ya no digamos a productos orgánicos, locales. El fundador de Cidades Sem Fome, Hans Dieter Temp, alienta a los primerizos en la siembra a que empiecen cultivando lechugas y rábanos. La idea es comenzar con plantas que crecen muy pronto, propiciando que los cultivadores vean los beneficios en su dieta y en los ingresos lo más pronto posible. Más adelante, se impulsa a la gente a que asuma una variedad más amplia de vegetales, para lograr una mayor variedad nutricional. La gente que trabaja con CSF cultiva ahora una vastedad de productos, incluyendo una variedad de vegetales locales, como el “chuchu”.


Uno de los aspectos más inspiradores de este movimiento, y de hecho de todo el potencial de los cultivos urbanos en general, es que estos huertos han comenzado a transformar las barriadas que sufren de extrema pobreza, desnutrición, desempleo y de la garra firme de las bandas de narcotráfico. En la Favela Sabopemba, notoria por su pobreza, los jóvenes cuentan con muy pocas oportunidades de conseguir empleos, y las tentaciones del narcotráfico son grandes. En el caso de las mujeres, o son desempleadas, o trabajan como lavanderas o sirvientas para familias de clase media en otras partes de la ciudad.

Pero el poder del trabajo colectivo (mutirão en portugués) es fuerte, y los organizadores del movimiento ya miran las mejoras en la nutrición y en la mentalidad de la gente. Temp recuerda lo difícil que era convencer a las mujeres del barrio de que ellas mismas podían hacer la diferencia para ellas y su comunidad. Lo extraño fue que cuando se les mostró el exuberante huerto de un barrio aledaño, ya funcionando, las mujeres de Sabopemba al principio se quedaron inamovibles. El sentimiento de estas mujeres parecía ser: “Cómo podemos replicar nosotras algo tan bonito”, decían. Pero las mujeres de Sabopemba se unieron a CSF y el acto de cultivar en colectivo comenzó a deconstruirles la mentalidad de desaliento. Estas mujeres le han dado a sus niños y a los vecinos algo muy único en las barriadas, el orgullo de ser capaces de lograr algo en sus comunidades y en sí mismas.

Temp añade que cuando Sabopemba comenzó a cultivar, las conversaciones que escuchaba mientras trabajaban eran sobre todo rumoreos acerca del abuso del crack y los precios que diferentes traficantes cobraban. Ahora, las mujeres intercambian saberes de cultivo o de cocina mientras trabajan. Pese a lo anecdótico, el movimiento considera que esto muestra un viraje dramático en la mentalidad.

No obstante, la mentalidad es sólo una partecita del problema porque en São Paulo, los supermercados están lejos de las favelas y los precios son increíblemente caros para los pobres. Una madre con bocas que alimentar y que trabaja lavando ropa para familias de clase media en el otro extremo de esta mega-metrópolis, puede tener que tomar múltiples autobuses para ir al supermercado y regresar. Con esta suerte de transbordos épicos, una cabeza de lechuga o algunos cuantos mangos maduros pueden quedar aplastados o ajados para el tiempo en que llega a casa a preparar la comida. Aunque este tipo de problemas puede sonar burdamente mundano y sin relevancia para las realidades de la pobreza, mucha gente en la Favela Sabopemba ha señalado exactamente este tipo de situaciones como parte de los obstáculos que enfrentan para lograr una buena alimentación. Lo que ocurre es que ante la perspectiva de llegar a casa con una lechuga que casi no pueden pagar, a la que le invierten tiempo y dinero en transporte, y que encima de todo llega arruinada, simplemente escogen lo barato y confiable: arroz y fideos, y no frutos y verduras nutritivos.

Lo que se requiere, y CSF espera ser parte de ese cambio, es un alejamiento de la agricultura industrial de gran escala y de las cadenas de supermercados que distribuyen sus productos. En Brasil, y por cierto en todo el continente americano, las corporaciones gigantes controlan mucha de la producción agrícola de los países. El modelo corporativo industrial de agricultura descansa en subsidios gubernamentales masivos, en la especialización y la intensificación de cultivos, y utiliza maquinaria onerosa y químicos. Contra estos Goliats de la producción, los pequeños posesionarios y las fincas familiares no tienen muchas oportunidades de competir. Las fincas pequeñas se endeudan y quiebran, y se aprieta el puño de los gigantes corporativos de la agricultura.

A su vez, estas corporaciones del agronegocio, integradas verticalmente, confían en los supermercados como mecanismo para aumentar sus ganancias. Los supermercados pueden ser la etapa en la que se representa el drama de la exclusión social. Un porcentaje de la población mundial (porcentaje que crece rápidamente), ve en los supermercados el acceso primario a alimentos frescos. Despliegan para el consumidor una variedad de bienes, con marcas y paquetes que cultivan el reconocimiento de las marcas y una lealtad a ellas. En estos paraísos de las ganancias de las corporaciones, los que compran se dividen en líneas de clase basadas en lo que cada una puede pagar y en las mercancías que sobrevivirán el largo viaje de regreso a casa. Los ricos y los pobres tal vez compren en las mismas tiendas, pero abandonan el almacén con compras muy diferentes.

La división es igualmente tajante entre clases de productores. Muchos campesinos en pequeño simplemente no pueden mantenerse en el negocio vendiendo sus productos del campo a los supermercados porque éstos pagan precios de mayoreo que vuelven bajísimos artificialmente. Por ejemplo, la cadena francesa de supermercados Carrefour es muy poderosa en Brasil, pues cuenta con cincuenta millones de consumidores en cerca de quinientas tiendas en el sur de Brasil. (1) En el tiempo en que se hicieron las entrevistas para este texto, Carrefour en São Paulo le pagaba a los agricultores seis centavos brasileiros (unos cuatro centavos de dólar) por pieza de lechuga. Para quienes cuentan con cientos de miles de hectáreas, y millones o miles de millones para gastar en sofisticada maquinaria y químicos, es posible obtener ganancias de lechugas que se vendan a cuatro centavos de dólar. Pero para los campesinos en pequeñas parcelas que intenten competir, ya no es rentable cultivar. Terminan yéndose a las ciudades, a lavar ropa, o a vender droga en las calles; y la tendencia al deterioro rural continúa.

Para confrontar ambos lados de este reto que se les presenta a los residentes de las barriadas, CSF cultiva huertos que al ser lo suficientemente grandes pueden ser productivos en lo económico, y no están únicamente rayando en la línea de vida nutricional. Producir excedentes conduce al desarrollo de mercados locales para frutos y vegetales orgánicos en los barrios que nunca antes tuvieron tales lujos. Los mercados son, de hecho, uno de los aspectos más excitantes del modelo de Cidades Sem Fome, porque comienzan a desmoronar el apartheid nutricional que divide a São Paulo entre ricos y pobres. Además del orgullo y la autoestima que proviene de que los vecinos trabajen juntos en la mutirão de estos mercados, los bajos precios les dan acceso a productos agrícolas frescos a una sección mucho más amplia de la población. Una cabeza de lechuga en estos mercados se vende por un Real (unos 60 centavos de dólar); comparado con Carrefour, es un precio mucho menor para el consumidor y es mucho más alta ganancia para el productor.
Los precios en estos mercados “campesinos”, locales, de vegetales frescos, son menores que en los supermercados, entre otras cosas debido a la ausencia de intermediarios. Como anotamos antes en el ejemplo de cómo fija Carrefour el precio de la lechuga, los supermercados corporativos requieren una discrepancia enorme entre el precio de mayoreo y el de menudeo para los productos frescos, con el fin de sustentar los costos indirectos de las corporaciones internacionales completas. Del personal de los supermercados para arriba, pasando por los ingenieros y mecánicos y las oficinas administrativas, los equipos legales, los asesores financieros, los ejecutivos, los miembros de la junta directiva, toda la cuenta hasta el final de la línea la pagan los agricultores y los consumidores. Pero ¿por qué tiene que ser que los campesinos que batallan y los desposeídos que habitan las barriadas sean forzados a tomar parte una estructura injusta y tan sobrecargada? ¿Por qué tienen las mujeres de Favela Sabopemba que contribuir a los paquetes de beneficios de la junta directiva de Carrefour?

Si se le piensa como modelo de desarrollo o como solución a la crisis alimentaria global, algunos alegarán que el cultivo de hortalizas y los mercados locales son “poca cosa”, un simple vendaje en la herida ocasionada por un sistema de producción alimentaria que se está saliendo de control. Puede ser así, y tal vez las soluciones de largo plazo no estén en las ciudades que consumen sino en el campo que produce. Los campesinos y los pequeños propietarios por todo el mundo claman en pos de una reforma agraria mientras la máquina de producir alimentos de modo intensivo, basado en el capital, daña más tierra y hace obsoletos más mercados locales. Pero conforme la lucha de los campesinos sigue adelante, tal vez invisible o ajena para la población urbana del mundo, los marginados pobres en las ciudades y barriadas no pueden seguir esperando a que se cumplan las promesas del desarrollo capitalista. Cuando los precios de los alimentos trepan a alturas ridículas, pensar en que el capitalismo les brindará frutos es una fantasía que ya no pueden darse el lujo de pagar.

Uno de los principales retos de este movimiento autónomo que busca librarse de la agricultura industrial y del hambre urbana es encontrar un método de distribución de los productos agrícolas que le de la vuelta a los supermercados y a todos los problemas que generan. Es por eso que los mercados de hortalizas orgánicas en las favelas que promueve Cidades Sem Fome son tan importantes. No es sólo que pongan huertos y productos orgánicos directamente en manos de quienes más desesperadamente los necesitan; juegan un papel en respaldar este valiente alejamiento del sistema que destruye economías, hábitats, y familias. www.ecoportal.net
 
Rob Sawers | 01 noviembre 2011 | Biodiversidad - Oct 2011 - http://www.grain.org
Referencia:
(1) Reardon, Thomas. et al. “Supermarkets in Africa, Asia, and Latin America.” American Journal of Agricultural Economics. V.85. No.5 (2003) 1144
http://www.ecoportal.net/Temas_Especiales/Habitat_Urbano/Huertos_urbanos_y_la_crisis_alimentaria_global